Los cascos de las contrarrelojes cada vez son más feos, pero forman parte de esta indumentaria que hace volar a ciclistas expertos en esta ciencia como es Remco Evenepoel. Era su día y no falló. Era su etapa y demostró que no le han regalado los títulos de campeón del mundo y olímpico de la especialidad. Enorme comportamiento porque sabía que salvo milagro o accidente no deseado ya no tendrá de aquí a París ninguna otra oportunidad para restar tiempo a Tadej Pogacar.
Los cascos de las contrarrelojes cada vez son más feos, pero forman parte de esta indumentaria que hace volar a ciclistas expertos en esta ciencia como es Remco Evenepoel. Era su día y no falló. Era su etapa y demostró que no le han regalado los títulos de campeón del mundo y olímpico de la especialidad. Enorme comportamiento porque sabía que salvo milagro o accidente no deseado ya no tendrá de aquí a París ninguna otra oportunidad para restar tiempo a Tadej Pogacar.
Todos más o menos cumplieron en el papel que tenían asignado a orillas del lago Leman, el que separa Francia de Suiza, territorio de lujos, a ambos lados de la frontera. Salvo Juan Ayuso, que estuvo muy por debajo de lo que se esperaba de él, el resto estuvo aceptable porque de una manera u otra sabían que Evenepoel los sometería sin contemplaciones como mejor contrarrelojista del planeta.
Gran actuaciónAmaneció día caluroso, pero sin pasarse, viento que no molestaba y una contrarreloj que tenía en la primera fase del recorrido un puerto de segunda categoría de 9,7 kilómetros de subida que Evenepoel se comió a la sorprendente media de 35 por hora; una barbaridad, una gesta que sólo está a su alcance; ni siquiera Pogacar, que acabó la contrarreloj en segunda posición, estuvo cerca de los tiempos del fenómeno belga, que recompensó a sus compatriotas en el día de la fiesta nacional de Bélgica, dando igual si eran valones o flamencos.
En 26,1 kilómetros de recorrido Evenepoel fue el único que superó los 48 kilómetros por hora -48,45 en concreto- ante un Pogacar que no asumió riesgos en la bajada y en el llano que conducía a la meta de Thonon-les-Bains, donde cerraron comercios para que la gente pudiera asistir a la contrarreloj. Ganó de sobras y sobrado, segunda victoria consecutiva. 28 segundos mejor que el jersey amarillo.
Pogacar, tranquiloDe hecho, Pogacar corrió tranquilo, sabiendo que sacaba 5 minutos justos de ventaja a Evenepoel y que era imposible que le restara ese tiempo por muy bueno que sea el belga y por mucho que apretase. A 6,4 kilómetros de la llegada había una curva peligrosa y traicionera. A Florian Lipowitz, que era quinto de la tabla y que fue tercero hace un año en París, se le fue la bici, le derrapó la rueda delantera y eso es imposible de controlar. Es una invitación a irte al suelo, darte un trompazo doloroso y acabar la etapa en una ambulancia. El alemán se retiró, el segundo ocupante del podio de los Campos Elíseos que abandona el Tour por accidente.
Pogacar en dos etapas se ha quedado sin los compañeros del año pasado, mientras su gregario de oro, Isaac del Toro, cumple, como en la ‘crono’, aunque llegase cansado, demasiado, pero es lo que sucede cuando se da todo. Mantuvo la tercera plaza de la general y el jersey blanco de mejor joven.
Paul Seixas, una vez más, corrió con el alma francesa incrustada en su bici, como si le diera fuerzas y la televisión local, que es la que retransmite la carrera a todo el mundo, más pendiente de él que de Evenepoel o Pogacar. Prueba de lo que ya representa Seixas para el Tour y para todo un país se concretó en la imagen que quisieron dar Christian Prudhomme, director de la carrera, y Bernard Hinault, el último francés que ganó en París; de eso ya hace 41 años. Lo siguieron en el coche para que viera que le daban energía desde atrás. Seixas realizó una contrarreloj muy buena y se clasificó en la cuarta posición de la etapa.
Mal día de AyusoMientras Pogacar evitaba el accidente en la misma curva en la que Lipowitz se fue al suelo, en el mismo lugar donde también casi se cae Del Toro, maldito giro, Ayuso comprobaba que no había sido su día porque hasta lo superó su compañero danés, Mattias Skjelmose, 1.18 minutos mejor que él. Fue demasiado ceder 2.22 minutos sobre Evenepoel. El ciclista español ascendió a la quinta plaza porque Lipowitz se accidentó. Por lo tanto, no fue ni mucho menos la lectura deseada, sobre todo porque da la sensación desde el domingo en el Plateau de Solaison que la fase final del Tour se le está haciendo muy larga a Ayuso y queda lo peor con la doble ascensión a Alpe d’Huez. Allí o se llega fresco o no hay nada que hacer.
“No puedo quejarme porque corría frente al mejor contrarrelojista del mundo”, reconoció Pogacar, que no pierde la sonrisa, que supera con nota cualquier contratiempo, si es que lo hay, en lo que se lleva de Tour. Sabía, él y todos, que por un día no iba a ser protagonista por lo que cumplió el expediente de sobras. Ojalá Ayuso hubiese estado a un nivel parecido.
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