Once mil hectáreas, esta vez en Los Arribes, nos recuerdan la catástrofe reiterada de la Sierra de la Culebra. Como vivimos en una sociedad en la que todo está polarizado y las tensiones y pulsiones son cada vez más extremas, no estaría de más que, de vez en cuando, nos detuviéramos a analizar con cierta objetividad, apartada del sectarismo, lo que se hace bien o lo que se hace mal, con independencia de quién sea el artífice.
Once mil hectáreas, esta vez en Los Arribes, nos recuerdan la catástrofe reiterada de la Sierra de la Culebra. Como vivimos en una sociedad en la que todo está polarizado y las tensiones y pulsiones son cada vez más extremas, no estaría de más que, de vez en cuando, nos detuviéramos a analizar con cierta objetividad, apartada del sectarismo, lo que se hace bien o lo que se hace mal, con independencia de quién sea el artífice.
El nuevo fuego, que ha alfombrado de negro el terreno de una buena parte de Sayago, nos ha mostrado que, a pesar de las dificultades, algunas cosas se pueden hacer bien y así ha sido con el procedimiento de evacuaciones y confinamientos llevado a cabo. Del conjunto de los vecinos de los pueblos afectados, cero víctimas, y, muy especialmente, con la puesta a salvo de los usuarios de las residencias de mayores. Sin dudas, sin demoras y con todas las precauciones y el cuidado que merecen para alejarlos no solo del riesgo sino del dolor por el incendio que quemaba, no solo tierras, sino recuerdos de vida. La actuación de la Junta de Castilla y León ha sido efectiva y ejemplar en una situación crítica.
Pero el fuego que ha arrasado parajes de belleza y diversidad natural única, nos ha mostrado también otra cara de la actuación de la administración regional. Y esta no es la cara buena. Nos ha demostrado que ni se ha aprendido lo que se tenía que haber aprendido de los fuegos de años anteriores, ni nuestros gobernantes están a la altura de lo que necesitamos en materia medioambiental. Nuestra región, escasamente poblada y con más superficie que Portugal, no puede seguir los mismos protocolos de prevención y de permisos de actuación para los pobladores de las zonas rurales (casi todo el territorio lo es) que se siguen en regiones mucho más urbanas. Urgen cambios de normativa, urge volver a hacer a los vecinos de nuestros pueblos protagonistas de la defensa de lo suyo. Urge que la sustitución del anterior y desastroso consejero (aunque se le haya premiado con otra consejería), se acompañe de un decisivo cambio de políticas y presupuestos. Eso o seguir quemándonos año tras año.
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