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Soulift, una noche de celebración colectiva

Дата публикации: 27-06-2026 15:30:12

Jazz San Javier levantó el telón de su XXVIII edición con un concierto multicultural en la Plaza de España que, además de llenar de buenas vibraciones el espacio, despertó conciencias. Soulift, amén de una solvente banda cosmopolita ("somos de Madrid y otras partes"), es un grupo comprometido con las injusticias sociales y con la inmigración.

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Jazz San Javier levantó el telón de su XXVIII edición con un concierto multicultural en la Plaza de España que, además de llenar de buenas vibraciones el espacio, despertó conciencias. Soulift, amén de una solvente banda cosmopolita ("somos de Madrid y otras partes"), es un grupo comprometido con las injusticias sociales y con la inmigración.

Los miembros de la banda, un crisol de culturas sobre el escenario, provienen de una diversa y ecléctica escena musical. La voz poderosa e inspiradora del carismático Amos Obasohan -que celebraba este viernes su cumpleaños-, con una interpretación apasionada entre el góspel, el reggae y matices de highlife africano, armoniza muy bien con la del guitarrista californiano Erik La Chapelle, encargado de aportar la brisa fresca y luminosa de la Costa Oeste. En esta rica fusión de armonías la energía escapa por sus poros y te posee. La potencia vocal de la camerunesa Mirabelle Kapnan, soporte clave con una presencia escénica que recuerda a Grace Jones, se manejaba en el juego de tres voces con discreción y humildad. Completaba el conjunto una sección eficaz rítmica: Javi Jiménez a la batería, Christophe Alcalá al bajo y Olusoji 'Sool' Jaiyeola a los teclados y sintetizadores, contribuyendo a hacer de la noche una auténtica celebración colectiva.

La magia de Soulift, que han hecho de sus directos vibrantes su carta de presentación, no nace de una fórmula de estudio prefabricada, sino de la rica amalgama de los orígenes de sus integrantes.

Al ser una banda multicultural, cada músico aporta un matiz distinto, una herencia sonora particular que enriquece el resultado final. En el escenario, esta diversidad se traduce en una sinergia palpable: distintas nacionalidades, trayectorias y lenguajes musicales convergiendo en un único pulso rítmico. No importa de dónde vengan sus miembros; cuando empiezan a tocar, hablan el idioma universal del groove.

El repertorio, entre 'originals y covers', fue un viaje vertiginoso por las grandes décadas de la música negra, ejecutado con una frescura contemporánea. Su fusión no es un mero corta y pega de géneros, sino una mezcla orgánica. Pasan de un espiritual negro a una explosión de funk setentero con una transición tan natural que resulta hipnótica.

Comenzaron en clave soul los tres primeros temas, regalando amor con Let's come together, que inició el guitarrista, palpitando a una frecuencia de soul suave pero potente, con toques de rock y góspel. El tema habla de la transición desde el mundo esperanzador e inocente de un niño a un mundo de adultos. Siguieron con un animado reggae original, Get your mind back, en la que repetían la frase "Saca tu mente de la tele”, y dedicaron Immigrant's shoes, con coros góspel, a todos los inmigrantes que se encontraban por allí.

Verbena global

Cuando el carismático predicador del groove Amos Obasohan, vestido de blanco inmaculado, se sitúa frente al micrófono escoltado por una banda que es un auténtico atlas geográfico y musical, queda claro que eso no va a ser un concierto convencional, sino un servicio dedicado al groove, al éxtasis del ritmo sin fronteras (“Rhythm, rythm”, no cesaba de proclamar).

Obasohan no se limita a cantar; predica a través del ritmo. Su rango vocal es un puente aéreo transatlántico: es capaz de golpear con la solemnidad del góspel de iglesia estadounidense, descender al fraseo rítmico del highlife nigeriano y, cuando la banda gira hacia el old-school reggae, saltar con total naturalidad a las improvisaciones ásperas y magnéticas del dancehall jamaicano o sumergirse en el rock con Sunshine, que explota con fuerza.

Desde las canciones más lentas a las más desbordantes, Amos derrocha feeling y fuerza. Su mirada te atraviesa llenándote de energía, y su cuerpo vibra y se tensa lleno de rabia, de alegría y de emoción. Esa versatilidad evita que la banda caiga en la monotonía de los grupos tributo. “Si te gusta el reggae, di 'booyaka booyaka'”, decretó Amos antes de emprender Grandma´s hands, una versión de Bill Withers a la que, como explicaron, 'le han dado su toque'. Como a su lectura particular de Oh happy day, convertido en gospel funk para la ocasión, que estuvo precedido de un jugoso cover de Let's stay together de Al Green. Otra versión, muy respetuosa, fue With my own two hands de Ben Harper (“Con las manos podemos escribir, abrazarnos...”, señaló La Rochelle).

Música sin fronteras, edades, ni etiquetas

En esa auténtica verbena global, los ritmos y melodías de la música negra se combinaron con manifestaciones pro-derechos civiles. Soulift hicieron cómplices a todos los presentes de la necesaria lucha por la igualdad. La recta final se tornó más caribeña: desde Get up, stand up de Bob Marley, al rock steady de My heart, salpicado de mbalax africano. Sin dejar de sorprender, rescataron Red, red wine, conocida por la adaptación de UB40, aunque el popular tema lo escribió Neil Diamond.

La determinación era contagiosa; consiguieron crear un sentimiento de unidad en los cientos de personas presentes. Conquistaron nuestra conciencia y nuestro cuerpo, y nos dejaron lo mejor de la fusión y la improvisación en un fin de fiesta digno de ser recordado, con Rivers of Babvlon de The Melodians -más conocido gracias a Boney M-, al que añadieron un mordiente ritmo hip hop. Y es que la banda no busca la sofisticación, sino el impacto físico y emocional de la música de raíz. Su líder y vocalistas actúan como maestros de ceremonias, interactuando constantemente con el público. Esta energía contagiosa es el secreto de su éxito transversal.

Soulift demostraron que la música hecha con el alma y ejecutada con destreza técnica no entiende de fronteras, edades ni etiquetas. A través de su innegable talento para fusionar géneros históricos con una energía incombustible, dejaron claro que la diversidad no solo enriquece la música, sino también la empatía. Su mensaje y energía sobre el escenario son un recordatorio de que, a través del arte, todavía podemos encontrar humanidad, esperanza y unión. Vinieron a levantar el alma de la gente en un concierto intenso, apasionado y muy participativo.

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