Pese al calor, el barrio acompañó a la imagen mariana que, un año más, hizo estación en la iglesia del antiguo cenobio trinitario
31/05/2026 a las 09:11h.
Hay pocas imágenes en Málaga que mantengan una relación tan íntima con un barrio como la Virgen de la Trinidad, hasta el punto de que ... su nombre se debe a su entorno. Basta verla en la calle para entenderlo. Los vecinos no la miran como quien contempla una talla más. La esperan con familiaridad, la piropean, la llaman 'Trini' con esa naturalidad que no siempre se entiende, le hablan, le rezan en voz alta y la reciben como si formara parte de la propia vida cotidiana de la Trinidad desde siempre. Y, en realidad, algo de eso hay. Porque la Madre del Cautivo lleva décadas siendo el elemento articulador de estas calles al otro lado del Guadalmedina, aunque sobre decir que su Hijo, el Señor de Málaga, lo eclipsa todo. Ahí está su grandeza; en su infinita devoción de madre, que encuentra su refugio en ese discreto segundo plano, cediéndole el protagonismo de forma consciente y gozosa durante todo el año, a excepción, lógicamente, de sus días dedicados 'ex profeso' a su solemnidad. Y es que, cuando llega su momento, el barrio de la Trinidad, las familias que moran y las que ya se marcharon pero vuelven a la llamada de sus devociones, se vuelca con su vecina más ilustre, como así ha ocurrido este sábado durante la salida de alabanza de la Dolorosa de Francisco Buiza, que se mostraba preciosa, más gloriosa que nunca, en su trono de traslado y de su solemnidad, con profusión de flores blancas, sin arbotantes, con candelería y dos velas rizada, las 'Marías', una imagen muy distinta a las de otros años.