La muestra reúne una veintena de piezas históricas y destaca el papel de la congregación en la recuperación del patrimonio cofrade tras la Guerra Civil
06/05/2026 a las 21:57h.
Al igual que nombres de malagueños como Francisco Palma Burgos o Pedro Pérez Hidalgo, en la imaginería y talla, o Juan Casielles, en el diseño, ... fueron, junto a otros artistas y obradores foráneos, determinantes en la recuperación de la Semana Santa de Málaga después de las pérdidas del patrimonio sufridas en los sucesos de 1931 y tras el estallido de la Guerra Civil, en el campo del bordado también lo fueron una serie de talleres instalados en la capital, cuya participación fue clave para el restablecimiento y enriquecimiento de enseres y piezas, incluso, de envergaduras. En la nómina de esos talleres importantes, curiosamente todos monjiles, salvo el creado por el sevillano Leopoldo Padilla en la calle Granados durante las décadas de los 40 y 50 del siglo pasado, se encontraban el promovido por las religiosas Filipenses de Hijas de María Dolorosa (San Carlos), las Adoratrices, de los Santos Ángeles Custodios –este con menor producción– y el tutelado por las Hermanas Trinitarias, cuya congregación nació en Madrid en 1885, como respuesta a las situaciones de esclavitud, trata y explotación que vivían muchas jóvenes en esa época, y sería en 1925 cuando se implantara en Málaga para continuar la misión con la misma inspiración y carisma con el que la pusieron en marcha quienes fueron sus fundadores, Francisco Méndez y Mariana Allsopp.