La tierra ruge en Colombia y el eco del desastre llega hasta España con una cifra que hiela la sangre: 164 españoles están en paradero desconocido tras el brutal terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste del país. En una entrevista para La Tarde de COPE, Alberto, un joven burgalés de 23 años atrapado en el Eje Cafetero, pone voz a la angustia y a la desconexión que viven los compatriotas en la zona cero. "Tenemos mucha incertidumbre de si nosotros figuramos entre los 164 o no", confiesa con una mezcla de calma y frustración.El desastre ocurre a las 7:30 de la mañana, hora local. El balance es devastador: al menos 224 muertos y cientos de heridos. Ciudades como Cali, Medellín y Pereira, corazón del turismo cafetero, sufren el azote de un movimiento que dura más de dos minutos. En Cali, los transformadores eléctricos estallan como bombas: "Se empiezan también a mover los postes de luz y pues empezaron a explotar también", relata Javier Bonel, quien se encontraba paseando a su perra cuando el suelo comenzó a crujir.Desde Madrid, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, intenta tranquilizar a las familias, aunque admite que el contacto no es total: "En estos momentos hay 164 españoles en paradero desconocido, porque no hemos podido hacer contacto con ellos". Sin embargo, la realidad a pie de calle es distinta para quienes intentan ser localizados.Alberto se encontraba en un hostal de Salento junto a cuatro amigos cuando el edificio comenzó a vibrar con una violencia inusitada. "Teníamos una piscina justo a las puertas de la habitación que se quedó a la mitad, parecía un tsunami", explica en COPE. Aunque su grupo está a salvo, el drama humano les rodea. Pronto llega al hostal una mujer "desconsolada llorando que se le había derrumbado la casa, que su hija estaba en paradero desconocido".En Medellín, el pánico también se apodera de los servicios de emergencia. Natalia, enfermera y madre, vive una pesadilla doble. Mientras evacúa a sus pacientes bajo el sonido "horrible" de la infraestructura crujiendo, sus hijas de 13 y 7 años están solas en un piso 16: "O yo sacaba a los pacientes o gritaba el desespero que tenía de ir por mis hijas", recuerda sobre los minutos de máxima tensión.La gran crítica de los españoles afectados se dirige a la gestión de la emergencia por parte de las autoridades españolas. Alberto relata que intentar cumplir con el protocolo de seguridad fue una misión imposible: "Intentamos registrarnos en la página del Ministerio de Exteriores al llegar a Colombia y fue una pesadilla, no lo conseguimos y lo abandonamos".La falta de proactividad es otra de sus quejas principales. A pesar de la cifra oficial de desaparecidos, el contacto directo no se ha producido: "Nadie nos ha llamado, nadie nos ha contactado, simplemente hemos recibido el email automático". Esta desconexión genera un limbo informativo donde los turistas no saben si forman parte de la lista de personas buscadas o si el consulado conoce realmente su estado de salud.Para los que han sobrevivido, el desafío ahora es salir del país. Las infraestructuras están gravemente dañadas. En Manizales, el centro histórico ha colapsado y la catedral más alta del país está en ruinas. El transporte es un rompecabezas casi imposible de resolver: "El aeropuerto de Pereira, por desgracia, ha quedado derrumbado", lamenta Alberto.Con las carreteras hacia Bogotá y Medellín cortadas por desprendimientos, los españoles buscan alternativas desesperadas en autobuses saturados mientras las réplicas —ya se cuentan cerca de 50— siguen sacudiendo el terreno. "Sabiendo que todo va a volver al orden y que dentro de poco ya podremos volver a España", concluye Alberto, manteniendo la esperanza de que esta tragedia pronto sea solo un mal recuerdo.
La tierra ruge en Colombia y el eco del desastre llega hasta España con una cifra que hiela la sangre: 164 españoles están en paradero desconocido tras el brutal terremoto de magnitud 7,4 que sacudió el oeste del país. En una entrevista para La Tarde de COPE, Alberto, un joven burgalés de 23 años atrapado en el Eje Cafetero, pone voz a la angustia y a la desconexión que viven los compatriotas en la zona cero. "Tenemos mucha incertidumbre de si nosotros figuramos entre los 164 o no", confiesa con una mezcla de calma y frustración.

EFE
Un hombre observa un vehículo afectado tras un fuerte temblor este lunes, en Cali (Colombia). Un temblor de magnitud 7,4 sacudió gran parte de Colombia, según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), y las autoridades informaron de daños en varias ciudades como Manizales, Cali y Pereira. EFE/ Ernesto Guzmán
El caos tras el seísmo de 7,4 en el Eje CafeteroEl desastre ocurre a las 7:30 de la mañana, hora local. El balance es devastador: al menos 224 muertos y cientos de heridos. Ciudades como Cali, Medellín y Pereira, corazón del turismo cafetero, sufren el azote de un movimiento que dura más de dos minutos. En Cali, los transformadores eléctricos estallan como bombas: "Se empiezan también a mover los postes de luz y pues empezaron a explotar también", relata Javier Bonel, quien se encontraba paseando a su perra cuando el suelo comenzó a crujir.
Desde Madrid, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, intenta tranquilizar a las familias, aunque admite que el contacto no es total: "En estos momentos hay 164 españoles en paradero desconocido, porque no hemos podido hacer contacto con ellos". Sin embargo, la realidad a pie de calle es distinta para quienes intentan ser localizados.

En Colombia se busca sin descanso a desaparecidos entre los escombros de los edificios caídos por el terremoto
Alberto se encontraba en un hostal de Salento junto a cuatro amigos cuando el edificio comenzó a vibrar con una violencia inusitada. "Teníamos una piscina justo a las puertas de la habitación que se quedó a la mitad, parecía un tsunami", explica en COPE. Aunque su grupo está a salvo, el drama humano les rodea. Pronto llega al hostal una mujer "desconsolada llorando que se le había derrumbado la casa, que su hija estaba en paradero desconocido".
En Medellín, el pánico también se apodera de los servicios de emergencia. Natalia, enfermera y madre, vive una pesadilla doble. Mientras evacúa a sus pacientes bajo el sonido "horrible" de la infraestructura crujiendo, sus hijas de 13 y 7 años están solas en un piso 16: "O yo sacaba a los pacientes o gritaba el desespero que tenía de ir por mis hijas", recuerda sobre los minutos de máxima tensión.
164 españoles sin localizar: Incertidumbre y fallos en el registro"O yo sacaba a los pacientes o gritaba el desespero que tenía de ir por mis hijas"
Natalia
Enfermera colombiana
La gran crítica de los españoles afectados se dirige a la gestión de la emergencia por parte de las autoridades españolas. Alberto relata que intentar cumplir con el protocolo de seguridad fue una misión imposible: "Intentamos registrarnos en la página del Ministerio de Exteriores al llegar a Colombia y fue una pesadilla, no lo conseguimos y lo abandonamos".
La falta de proactividad es otra de sus quejas principales. A pesar de la cifra oficial de desaparecidos, el contacto directo no se ha producido: "Nadie nos ha llamado, nadie nos ha contactado, simplemente hemos recibido el email automático". Esta desconexión genera un limbo informativo donde los turistas no saben si forman parte de la lista de personas buscadas o si el consulado conoce realmente su estado de salud.
Para los que han sobrevivido, el desafío ahora es salir del país. Las infraestructuras están gravemente dañadas. En Manizales, el centro histórico ha colapsado y la catedral más alta del país está en ruinas. El transporte es un rompecabezas casi imposible de resolver: "El aeropuerto de Pereira, por desgracia, ha quedado derrumbado", lamenta Alberto.

EFE
Integrantes del cuerpo de Bomberos de Cali y civiles buscan entre los escombros de edificaciones colapsadas por el terremoto de magnitud 7,4 que sacudió esta mañana el país, este lunes en Cali (Colombia). El Gobierno colombiano declaró la situación de "desastre nacional" por el terremoto que deja al menos 71 personas fallecidas en el país, 29 de ellas en ciudades capitales. EFE/ Ernesto Guzmán Jr
Con las carreteras hacia Bogotá y Medellín cortadas por desprendimientos, los españoles buscan alternativas desesperadas en autobuses saturados mientras las réplicas —ya se cuentan cerca de 50— siguen sacudiendo el terreno. "Sabiendo que todo va a volver al orden y que dentro de poco ya podremos volver a España", concluye Alberto, manteniendo la esperanza de que esta tragedia pronto sea solo un mal recuerdo.