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El estilo Coyote, una forma de ser

Дата публикации: 19-08-2026 05:10:53

Hay una palabra que aparece una y otra vez cuando quienes conocieron a Victor Coyote intentan explicar quién era: libertad. Libertad para mezclar rockabilly con ritmos latinos, para pasar del punk a la electrónica, para cantar a Amália Rodrigues o a Roberto Carlos, para dibujar, diseñar, hacer cine, escribir o investigar sobre la frontera entre Vigo y Portugal. Libertad, sobre todo, para no parecerse demasiado a nadie. "Coyote se encasillaba en Coyote", recuerda emocionado Nicolás Pastoriza, amigo suyo durante décadas. Quizá esa sea la mejor manera de explicar una trayectoria en la que la única constante fue precisamente no quedarse quieto.

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Hay una palabra que aparece una y otra vez cuando quienes conocieron a Victor Coyote intentan explicar quién era: libertad. Libertad para mezclar rockabilly con ritmos latinos, para pasar del punk a la electrónica, para cantar a Amália Rodrigues o a Roberto Carlos, para dibujar, diseñar, hacer cine, escribir o investigar sobre la frontera entre Vigo y Portugal. Libertad, sobre todo, para no parecerse demasiado a nadie. "Coyote se encasillaba en Coyote", recuerda emocionado Nicolás Pastoriza, amigo suyo durante décadas. Quizá esa sea la mejor manera de explicar una trayectoria en la que la única constante fue precisamente no quedarse quieto.

Cuando buena parte de la música española de los primeros ochenta miraba hacia Londres, Coyote miraba hacia América Latina. Con Los Coyotes llevó el rockabilly y el punk hacia terrenos poco transitados en la escena española. No fue el pionero en utilizar ritmos latinos en España, pero sí uno de los primeros en incorporarlos a aquella nueva música con una naturalidad que acabaría convirtiéndose en una de sus señas de identidad. "Eso no lo hacía nadie" ,apunta el músico Oscar Avedaño. "La música latinoamericana estaba considerada un coñazo, una horterada". Y, por eso, Coyote decidió mirar hacia ahí.

Antón Reixa, escritor y músico gallego, lo conoció en aquellos primeros años, cuando Los Coyotes actuaban en el Satchmo de Vigo. Encontró "una especie de punk rockabilly" que iba por delante de buena parte de lo que estaba sucediendo en España. Más tarde, llegarían los ritmos latinos. "La primera pesona que escuché dar un clavel latino e incorporarlo a la música pop fue Víctor Coyote", recuerd.

Eladio Santos, músico y compositor gallego, coincide en que Coyote fue un adelantado. Pero, no porque inventase los ritmos latinos, sino porque los adaptó de una manera que nadie había hecho antes. "Él lo hizo antes", explica . Porque Coyote no parecia copiar, él cocinaba.

Nicolás Pastoriza utiliza precisamente esa imagen para explicar una de sus principales virtudes: "Cocinarla bien, prepararla con ingredientes muy diferentes y que todo supiera muy rico". África, América Latina, Galicia, rock and roll, folk, música tradicional portuguesa… elementos que sobre el papel podían parecer incompatibles terminaban sonando en sus creaciones como naturales.

Ahí aparece una de las grandes constantes de su trayectoria: la inquietud. Pablo Novoa lo definía como un "bulebule". Alguien que se mueve continuamente y que, cuando parece haber encontrado un lugar, vuelve a cambiar de dirección.

Coyote podía pasar por la salsa, la música latina, la electrónica, el folk, el rock and roll o la música tradicional sin instalarse definitivamente en ninguno de esos territorios. Y no era solo una cuestión de variedad. Lo importante era que, después de todos esos cambios, seguía siendo reconocible. "Experimentar puede experimentar cualquiera", explica Pastoriza. "Pero el mérito está en que no te suena ortopédico y te suena original y te suena a ti", explica. Para él, esa es precisamente la lección fundamental de Coyote: jugar con muchas influencias sin perder una voz propia.

"Coges al Víctor Coyote más joven y coges al de sus últimos años y sigue habiendo una coherencia", continúa. "Ha hecho un montón de cosas diferentes y se ha metido por muchos caminos distintos", añade.

Germán Fandiño también recuerda esa capacidad de moverse entre disciplinas sin perder nunca su sello. Lo conoció en la escena viguesa y coincidió con él en una etapa en la que trabajaba en la distribución y promoción discográfica. Lo que más le llamaba la atención era precisamente esa capacidad para "calcetarlo todo, pero con su sello": música, diseño, cartelería o vídeo. Para Fandiño, Coyote no necesitaba seguir una corriente ni construir una estrategia para parecer diferente. "Era un tío creador. Era un tío muy creativo", recuerda.

Eladio Santos lo explica desde otro lugar. Más que adelantado a su tiempo, dice, Coyote era un hombre con un nivel extraordinario de curiosidad y búsqueda cultural. Hizo cosas que después otros repetirían, pero "de una forma que no se hicieron nunca". Su curiosidad no se limitaba a la música. Santos recuerda conversaciones sobre libros, historia, cómic, música de los años cincuenta, América Latina, Portugal o Galicia. "Era un conversador de los mejores que conocí nunca", dice. Sus letras estaban atravesadas por esa cultura. Santos recuerda que Coyote introducía referencias de grandes autores y que era habitual que conociera los libros de los que hablaba. "Era superculto". recuerda.

Un buscador sin prejucios

Óscar Avendaño, músico y compositor, conserva otra imagen que resume esa actitud: Coyote recorriendo rastrillos y comprando discos precisamente por tener “las portadas más horrorosas” que encontraba. De aquellos discos sacaba sonidos, canciones, ideas. “Era un buscador y esto me parece muy importante”, relata Avendaño. La falta de prejuicios es una de las características que más se repiten en los testimonios. Coyote no parecía establecer demasiadas fronteras entre lo culto y lo popular. Podía tocar una canción de Johnny Cash y, a continuación, una de Manolo Escobar. Para Avendaño, había pocas personas capaces de hacerlo sin que el resultado pareciera una broma o una impostura. "Era capaz de hacerlo, era la única persona a lo mejor que podía hacerlo", asegura.

Nicolás Pastoriza recuerda especialmente su relación con Tui y con el territorio del Miño. Coyote conocía profundamente la zona norte de Portugal y el sur de Galicia y se movía por ella no solo geográficamente, sino también desde el punto de vista musical y cultural. Para Pastoriza, Coyote ejercía "mucho de fronterizo". Su Galicia no era una frontera cerrada, sino un lugar desde el que mirar hacia Portugal y hacia el mundo.

La curiosidad explica hacia dónde iba Coyote. Y el humor ayuda a entender cómo se presentaba ante el mundo. Coinciden en recordar a una persona tremendamente divertida. Pastoriza lo define como "un tipo tremendamente gracioso, simpatiquísimo" y también como un "cascarrabias simpático". Pero ese humor también formaba parte de su personaje público.

Sus títulos, sus portadas, su estética y sus provocaciones podían resultar desconcertantes. Avendaño cree incluso que ese sentido del humor pudo jugar en su contra a la hora de llegar a un público masivo. "Era muy socarrón", explica, "pero esto era lo que lo hacía grande a la vez". Además, recuerda especialmente cómo algunas de sus portadas y títulos fueron interpretados literalmente durante los años ochenta.

La otra cara del cánido

Había quien veía arrogancia o machismo donde Óscar Avedaño veía un personaje construido deliberadamente. "La gente no se daba cuenta de que era un personaje", aclara. Esa mezcla entre el personaje y la persona podía despistar. Porque fuera del escenario, quienes lo trataron dibujan un retrato muy diferente.

Teo Cardalda, músico y productor, lo conoció en Madrid, cuando varios artistas trataban de abrirse camino. Su primera impresión fue la de alguien imposible de ignorar: "Músico, macho, latino", detalla. Sin embargo, fuera del escenario descubrió a un hombre "muy tímido", callado, observador y profundamente interesado por la cultura.

Eladio Santos coincide en esa dualidad. Lo recuerda como una persona educada, precisa al hablar y con una ironía muy fina. Lo define incluso como "el tipo más elegante que conocí jamás". No solo por su ropa o su aspecto, sino también por su forma de estar y de relacionarse con los demás. "Tenía mogollón de ideas propias", añade Santos. "Nunca estuvo formando parte de un movimiento. Siempre era absolutamente único y original".

Frans Banfield, músico y productor, también destaca esa dimensión personal. Coyote ayudó a Phantom Club en sus primeros años, diseñó sus dos discos y sus carteles y les consiguió conciertos en Madrid. Lo hizo, explica Banfield, porque era muy solidario con las manifestaciones artísticas de su entorno. "Siempre ya era un grande, un referente", recuerda.

Germán Fandiño enfatiza esa forma de ser. Lo describe como alguien tranquilo y genuino, sin la necesidad de convertir cada movimiento en una estrategia. "No tenía el rollo de voy a hacer esto para postureo", explica. En Coyote, la creación parecía surgir de manera natural, sin necesidad de responder a una corriente o a las expectativas de los demás.

En Tui, como explicamos, esa relación con el territorio parecía especialmente fuerte. Cardalda, que también mantiene un vínculo estrecho con este territorio, recordará siempre a Coyote ligado a su ciudad. "Es un representante fantástico", afirma.

Hay una comparación que aparece de manera espontánea entre quienes hablan de él: Prince.No porque hicieran la misma música, sino por una actitud. La de un artista que no quiere limitarse a interpretar canciones, sino controlar también su imagen, su estética y todos los terrenos de su creación.

"Era un poco nuestro Prince", retrata Avendaño. Un creador que bailaba, arriesgaba, cambiaba de registro y podía aparecer de repente haciendo algo completamente distinto.

La comparación se entiende todavía mejor cuando se mira el conjunto de su obra.Coyote no fue solamente músico. Trabajó con el dibujo, el cómic, el diseño, la dirección artística, los videoclips y el documental.

El estilo Coyote

Resulta casi imposible resumir su legado. Fue uno de los pioneros de los ritmos latinos dentro de aquella nueva música española, pero no se quedó ahí. Fue músico, pero también dibujante, diseñador, realizador y documentalista. Fue una figura vinculada a Vigo y a Tui, pero su obra siempre estuvo mirando hacia Portugal, América Latina, África y otros lugares. Fue un personaje provocador y divertido, pero también un hombre tímido, culto y observador. Fue capaz de transitar por géneros y disciplinas diferentes sin perder nunca su identidad reconocible, y quizá ese sea su secreto.

No se trataba de hacer muchas cosas por hacerlas. Se trataba de hacer las cosas a su manera. "No se podía encasillar en otra cosa que no fuera él mismo", sintetiza Pastoriza. No dejó una fórmula para repetir. Dejó una actitud: curiosidad, falta de prejuicios, atrevimiento y una voz propia. Muchos caminos. Muchos sonidos. Muchos personajes.Pero siempre Coyote. El estilo Coyote.

"Soy gallego: es algo irrenunciable"

El 15 de febrero nuestro suplemento dominical Estela + dedicaba la portada y seis páginas a Víctor Coyote. Con motivo de la publicación de un disco de recopilación de sus éxitos en solitario bajo el nombre "El propio", la periodista Ana Rodríguez mantenía un jugoso diálogo con el creador tudense, un retrato de una forma de ser, pensar y estar en el mundo.

Sus respuestas están plagadas de perlas. Por ejemplo, cuando se le pregunta por cómo se considera después de cuatro décadas en Madrid. "Ser gallego es algo irrenunciable. Pero yo no renuncio a nada: ni a ser gallego ni a ser madrileño. Y tampoco renuncio a darle un xeitiño a la cumbia en una fiesta o a que nos gusten las canciones mexicanas".

Pese a que rehuía la provocación, sus mensajes escapaban de los tópicos. Uno de los forjadores de la llamada Movida, rechazaba las mitificaciones: "No reniego de la Movida, sino de cosas que se han contado de ella respecto a que era el entusiasmo de la España en color y el fin de la España en blanco y negro. Eso era relativo y el color tampoco fue tan vibrante. Parecía que nos íbamos a comer el mundo y después ninguno de los grupos de la Movida tuvo trascendencia internacional. Los Bravos, a pesar del franquismo, sí vendieron muchos discos de "Black is black" fuera de España".

Su percepción del éxito era singular. "El éxito es como la cuenta corriente: es medible. Es evidente que "Reloj no marques las horas" o "Satisfaction" son éxitos; lo que no es tan evidente es que lo sea "Train Kept A Rollin’", de Johnny Burnette. Cuando hablamos de éxito en la música, hablamos de cifras, lo cual no quiere decir que haya canciones que son éxitos por su valor artístico. Otra cosa son los éxitos personales, que puede ser haberte casado a los 20 años, tener tres hijos y seguir enamorado de tu mujer a los 80".

¿Y qué pensaba del reguetón? Aquí lo tienen: "El desprecio a la música latinoamericana ha sido patente en España desde los años 80. A mí claro que me gusta el reguetón, también me gusta el rock and roll y el tango finlandés. Lo que pasa es que dentro del reguetón hay gente que me gusta más y otra que me gusta menos.Conmigo militancias y los pequepacks de McDonald’s, no, por favor. Yo no compro las cosas por bloques, sino por individualidades".

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