Hay pueblos en Córdoba cuya identidad se construye sobre monumentos, batallas o personajes ilustres. Y luego hay pueblos como Pozoblanco, cuyo apodo más popular nació de los camiones de leña que recorrían Los Pedroches en pleno invierno.
Hay pueblos en Córdoba cuya identidad se construye sobre monumentos, batallas o personajes ilustres. Y luego hay pueblos como Pozoblanco, cuyo apodo más popular nació de los camiones de leña que recorrían Los Pedroches en pleno invierno.
Una historia tan sencilla como curiosa que convirtió una palabra con fama de insulto en motivo de orgullo colectivo.
"¡Ya vienen los tarugos!": el grito que dio origen al apodoEl norte de la provincia de Córdoba tiene inviernos duros. En la comarca de Los Pedroches, con sus dehesas y sus altitudes considerables, la leña era casi en un recurso de primera necesidad. Los camiones que la repartían por los pequeños pueblos de la zona eran esperados con impaciencia, y su llegada se anunciaba a voces por las calles: "¡Ya vienen los tarugos!".

Un camión de leña. / Magda Ehlers
La palabra no buscaba ofender a nadie. Un tarugo, en una de sus acepciones menos conocidas, es simplemente un trozo de madera. Cuando los vecinos gritaban que llegaban los tarugos, estaban anunciando la mercancía, aunque la Real Academia Española recoja también el término como sinónimo de hombre torpe o de mala traza.
El oficio que dio nombre a todo un municipioLo que ocurrió después fue algo completamente natural: los principales proveedores de esa leña eran vecinos de Pozoblanco. La asociación entre el producto y sus vendedores se repitió tantas veces, durante tantos años, que acabó cristalizando en un apodo. Los pozoalbenses pasaron a ser conocidos en toda la comarca simplemente como tarugos. Sin mala intención, solo con la lógica aplastante de la costumbre.

Imagen panorámica de Pozoblanco. / CÓRDOBA
Hoy ese apodo sigue vivo. Los habitantes de Pozoblanco lo han asumido como parte de su identidad, conscientes de que esconde una historia de trabajo, de comercio y de vida cotidiana en la sierra cordobesa mucho más rica que cualquier definición del diccionario.
Los apodos que la historia no borraLos gentilicios populares son, en muchos casos, la memoria más honesta de un lugar. No los inventan los historiadores ni los aprueban los ayuntamientos: los acuña la gente, con el lenguaje de lo cotidiano, y sobreviven precisamente porque dicen algo verdadero sobre el lugar al que señalan.
El de Pozoblanco es uno de los más llamativos de la provincia, pero no el único con una historia detrás: en otros rincones de Córdoba hay pueblos cuyos vecinos comparten el nombre de un postre o reivindican un oficio desaparecido hace generaciones.
Ninguno, sin embargo, tiene el recorrido del tarugo: de la leña al camión, del camión al grito callejero, del grito al apodo, y del apodo a la identidad de todo un municipio. Así se escribe, a veces, la historia de los pueblos.