Antes de que el ultrarunning tuviera patrocinadores, GPS, zapatillas de carbono, un sinfín de avances técnológicos y miles de seguidores en redes sociales, existió Al Howie. Este escocés afincado en Canadá podía correr durante días, atravesar un país entero y presentarse en la salida de una carrera después de haber recorrido cientos de kilómetros para llegar hasta ella. Su nombre apenas trascendió fuera de un deporte entonces marginal, pero sus hazañas siguen resultando difíciles de comprender.
Antes de que el ultrarunning tuviera patrocinadores, GPS, zapatillas de carbono, un sinfín de avances técnológicos y miles de seguidores en redes sociales, existió Al Howie. Este escocés afincado en Canadá podía correr durante días, atravesar un país entero y presentarse en la salida de una carrera después de haber recorrido cientos de kilómetros para llegar hasta ella. Su nombre apenas trascendió fuera de un deporte entonces marginal, pero sus hazañas siguen resultando difíciles de comprender.
Arthur «Al» Howie nació en Saltcoats, Escocia, en 1945. Empezó a correr relativamente tarde, en 1974, después de abandonar un hábito de tres paquetes diarios de tabaco. Lo que comenzó como una forma de sobrellevar aquella transición acabó convirtiéndose en una obsesión por las grandes distancias.
En 1979 disputó su primera gran carrera, el Prince George to Boston Marathon, después de haber corrido hasta allí desde Victoria. Terminó tercero, pero se llevó algo mucho más importante que la victoria: quizá no tenía la velocidad de un gran maratoniano, pero contaba con una capacidad extraordinaria para seguir corriendo.
En 1981 ganó por primera vez la carrera de 24 horas de Ottawa y estableció un récord norteamericano. Al año siguiente recorrió unos 241 kilómetros en 24 horas, una marca que mejoró posteriormente en otras competiciones, pero eso era tan solo el principio.
Sus entrenamientos y desplazamientos podían ser tan extremos como las propias carreras. En 1980 recorrió cerca de 1.300 kilómetros entre Edmonton y Victoria para disputar el Royal Victoria Marathon. En 1988 atravesó Gran Bretaña de Land's End a John o' Groats, unos 1.400 kilómetros, en 11 días.
Pero la leyenda alcanzaría su punto máximo en 1991. El 21 de junio partió de St. John's, en Terranova, con destino a Victoria, en la costa del Pacífico. En 72 días, 10 horas y 23 minutos recorrió 7.295,5 kilómetros, una media cercana a los 100 kilómetros diarios. Durante el trayecto recaudó unos 750.000 dólares canadienses para niños con necesidades especiales. Su hazaña quedó registrada como récord de velocidad en el cruce de Canadá. Pero él quería más.
Dos semanas después, Howie apareció en Nueva York para disputar la Sri Chinmoy 1.300 Miler. En 1989 había sido el primer corredor en completar aquella distancia, estableciendo un récord mundial de 17 días y nueve horas. En 1991 regresó después de cruzar Canadá y mejoró su propia marca, completando las 1.300 millas en aproximadamente 16 días y 19 horas.
El personaje que protagonizaba aquellas hazañas era tan peculiar como sus resultados. Pelo largo, barba, aspecto contracultural y una camiseta con el lema «Hell's Gate». En algunas carreras bebía cerveza mientras otros corredores calentaban. Después salía a ritmos aparentemente suicidas y, contra todo pronóstico, seguía corriendo cuando los demás empezaban a desaparecer.
Pero detrás del corredor casi indestructible había una vida mucho más frágil y marcada por los obstáculos. Howie arrastró problemas con el alcohol, dificultades personales y graves problemas de salud, incluido un tumor cerebral. Con el paso de los años su situación psicológica se deterioró hasta el punto de que, cuando el escritor Jared Beasley comenzó a buscarlo, lo encontró en 2014 viviendo en un centro de cuidados en Duncan, Columbia Británica.
Beasley reconstruyó aquella vida contradictoria en 'In Search of Al Howie: The Man Who Ran Forever', publicado originalmente en 2019 y reeditado en 2026. La investigación recupera no solo sus récords, sino también sus relaciones, sus problemas personales, sus identidades y episodios extraordinarios que ayudan a entender al hombre detrás de la leyenda.
Howie murió en 2016, a los 70 años. Hoy, cuando el ultrarunning se ha convertido en un fenómeno global, resulta fácil olvidar lo rudimentario que era aquel mundo. No había seguimiento GPS, equipos profesionales ni grandes patrocinadores. Los corredores extremos competían muchas veces prácticamente solos, impulsados por una mezcla de obsesión, resistencia y necesidad.
En 2022, el canadiense Dave Proctor recorrió Canadá en 67 días, mejorando el tiempo de Howie. Pero eso no borra lo que Howie representó: un ejemplo a seguir para los amantes del running más extremo.