En la pista de aterrizaje ha recibido este miércoles Donald Trump a Xi Jinping a pesar de que este envió a su vicepresidente al aeropuerto pequinés meses atrás. La diplomacia son gestos y este sugiere el equilibrio de fuerzas actual y descubre al más necesitado de que nada se rompa durante los próximos tres días. Hablarán sobre los viejos asuntos que separan a las dos grandes potencias, ninguno tan sagrado para China como Taiwán, y de los nuevos, como Irán y la inteligencia artificial (IA). Será la isla el principal argumento negociador de Trump, quizá el único, para arrancar compromisos que no compliquen aún más su escenario electoral.
En la pista de aterrizaje ha recibido este miércoles Donald Trump a Xi Jinping a pesar de que este envió a su vicepresidente al aeropuerto pequinés meses atrás. La diplomacia son gestos y este sugiere el equilibrio de fuerzas actual y descubre al más necesitado de que nada se rompa durante los próximos tres días. Hablarán sobre los viejos asuntos que separan a las dos grandes potencias, ninguno tan sagrado para China como Taiwán, y de los nuevos, como Irán y la inteligencia artificial (IA). Será la isla el principal argumento negociador de Trump, quizá el único, para arrancar compromisos que no compliquen aún más su escenario electoral.
De la primera visita de Xi a Mar-a-lago se recuerda al anfitrión desvelándole durante la cena, frente al que describió como el "más bonito pastel de chocolate", que acababa de bombardear Siria. La sintonía personal de la que Trump siempre ha alardeado resistió incluso la primera guerra comercial. Estados Unidos venció a los puntos. China había respondido con timidez a los cañonazos arancelarios y firmó la paz comprometiéndose a comprar productos agrícolas estadounidenses por valor de 200.000 millones de dólares adicionales.
No tardó Trump en declarar la segunda tras regresar a la Casa Blanca. Diez años son muchos si está China de por medio y esta vez ganó por aplastamiento. No flojeó en el pulso arancelario y empujó a la industria estadounidense al precipicio tras cortarle el grifo de las tierras raras. Se aplicó Trump después en la firma de numerosos acuerdos globales de suministro de esos minerales pero el cuadro es el mismo. Sobre cualquier negociación desde entonces flota la certeza compartida de que China dispone del as de oros. Es un escenario incómodo para todos y especialmente para Trump, más acostumbrado a conseguir concesiones desde el sometimiento que desde la negociación entre pares.
Diversificación de mercados y autosuficienciaEntre una y otra guerra comercial se había vacunado China contra los ataques de la principal potencia económica, diversificando mercados y acelerando la autosuficiencia tecnológica. Fue revelador que en los meses más crudos se desplomaran las exportaciones chinas a Estados Unidos mientras aumentaban las globales gracias a la demanda de Latinoamérica, Asia y África. "No podemos aceptar que nuestro destino dependa de que otros quieran vender o no sus chips a China", decía este mes Eric Xu, presidente rotatorio de Huawei. La tecnológica ha presentado antes de lo previsto su nueva generación de chips, corolario de un progreso necesario en la carrera por la inteligencia artificial.
Pekín se ha esforzado en las vísperas de la cumbre en desbrozar el camino. Ha fortalecido el yuan frente a las viejas críticas estadounidenses de que lo devaluaba para beneficiar sus exportaciones. También se ha aplicado con el fentanilo. Esta semana emitía directrices para la gestión de casos penales relacionados con el potente opiáceo y añadía dos sustancias químicas a su lista de control de exportaciones de precursores que exige permisos para venderlas en Estados Unidos, México y Canadá. Y ha acelerado la compra de productos agrícolas estadounidenses, principalmente soja, para acercarse al plan pactado meses atrás.
Pero también ha evidenciado de nuevo que sus intereses geopolíticos sobrevuelan las órdenes estadounidenses. Esta semana recibía Pekín al ministro de Exteriores iraní, Abbás Araghchi, frente a la voluntad de Trump de aislar a Teherán. El pasotismo chino hacia las amenazas estadounidenses en el asunto iraní es tan terco como en el ruso.
Venta de armasTaiwán y los derechos humanos son las líneas rojas, recordaba esta semana el embajador chino en Washington, Xie Feng, en el Diario del Pueblo. Xi pedirá a Trump que detenga las ventas de armas a la isla apelando a unas viejas declaraciones conjuntas de 1982. A cambio, según fuentes citadas por la agencia Reuters, le ofrecerá auxilio en Irán. Ha descrito Trump esas operaciones como su "principal carta negociadora" y mantiene en pausa la ya acordada con Taipei por 14.000 millones de dólares, la mayor de la historia.
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No se esperan acuerdos espectaculares, bastará que Xi y Trump conserven su armonía y pacten la prórroga de la tregua comercial. Será su tercera reunión en menos de un año, tras las de Corea del Sur y Pekín, y es probable que antes de navidades se encuentren otra vez en la cumbre de la APEC, en Shenzhen, y en la del G20, en Miami.
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