La gerundense Maria Ruiz quería ir a las islas. Era el destino que más ilusión le hacía para estrenarse en los viajes del Imserso. Pero cuando le llegó el turno, las plazas ya habían volado. «Oropesa del Mar era lo único que quedaba y dijimos: probémoslo», ha recordado este mediodía, con la maleta en la mano, poco antes de subir al autocar que la llevará hasta Oropesa del Mar. Tiene 66 años, se jubiló en julio y el año pasado ya se quedó sin plaza. Esta vez, celebra, «como mínimo hay viaje» y añade que «supongo que haremos alguna excursión o iremos a la playa; no lo sé, vamos un poco a la aventura», asegura. Confía en hacer grupo con alguien más una vez allí pero, si no, lo tiene claro: «Vamos mi marido y yo, nos tenemos el uno al otro».Seguir leyendo....
La gerundense Maria Ruiz quería ir a las islas. Era el destino que más ilusión le hacía para estrenarse en los viajes del Imserso. Pero cuando le llegó el turno, las plazas ya habían volado. «Oropesa del Mar era lo único que quedaba y dijimos: probémoslo», ha recordado este mediodía, con la maleta en la mano, poco antes de subir al autocar que la llevará hasta Oropesa del Mar. Tiene 66 años, se jubiló en julio y el año pasado ya se quedó sin plaza. Esta vez, celebra, «como mínimo hay viaje» y añade que «supongo que haremos alguna excursión o iremos a la playa; no lo sé, vamos un poco a la aventura», asegura. Confía en hacer grupo con alguien más una vez allí pero, si no, lo tiene claro: «Vamos mi marido y yo, nos tenemos el uno al otro».
En total, 38 jubilados gerundenses han salido este mediodía desde la estación de autobuses de Girona en el primer viaje del Imserso de la temporada desde la demarcación de Girona, apenas dos semanas después de las largas colas que se formaron en las agencias para conseguir plaza. El grupo viaja en autocar hasta la costa de Castellón, en un trayecto de unas cuatro horas.
Entre los pasajeros también estaban Juan Madrid y Amparo Martín, de 71 y 70 años, residentes en Salt. Su primera opción era Mallorca, pero cuando intentaron reservar plaza la página web no les funcionaba bien y, cuando volvieron a entrar, ya era demasiado tarde. «A los cinco minutos ya estaba todo lleno», recuerdan. Al día siguiente volvieron a conectarse para ver qué quedaba disponible y optaron por Oropesa del Mar. «El destino no nos dice nada, pero lo importante era salir de casa», aseguran.

Los participantes subiendo al autocar / Aniol Resclosa
Hace más de 25 años que viajan con el Imserso y conocen bien el programa. A lo largo de estos años han repetido la experiencia muchas veces y, en alguna temporada, han llegado a hacer varios viajes. Una vez instalados en el hotel, donde pasarán los próximos ocho días con pensión completa, la organización les explicará las excursiones disponibles, una fórmula que no les convence porque «siempre son muy caras». Por eso, prefieren moverse por su cuenta: «Alquilamos un coche o cogemos autocares y así podemos visitar las ciudades y los rincones que nos apetecen a nuestro ritmo», explican.
Para la pareja, estos viajes tienen un valor que va mucho más allá del destino. «Hay gente mayor que no sale de casa o que si aterrizara en un aeropuerto no sabría cómo moverse; en cambio, con estos viajes te llevan al lugar y tú no tienes que preocuparte por nada», defienden. En el hotel hay baile, bingo y actividades, pero sobre todo hay conversación. «Conoces gente, haces amistad y después quedas para hacer paellas o para volver a verte», celebran.
A pocos metros, los vecinos de Colomers Josepa Coll y Joan Bonany, de 81 y 75 años, esperaban también con las maletas preparadas. Ellos habrían preferido Benidorm, pero cuando se conectaron ya no había mucho más donde elegir. «Si queríamos salir de casa, solo podíamos ir a Oropesa del Mar», explican. Aunque el destino no era el que habían imaginado, quieren aprovechar la estancia y participar en alguna de las excursiones que les propongan una vez lleguen.
Entre los veteranos también estaban Plàcid Saló y Cati Pediago, de 86 y 80 años, que habían llegado desde Campdevànol acompañados por su hijo. Hace más de 15 años que viajan con el Imserso y aún recuerdan especialmente la primera escapada, a Matalascañas. «Fue inolvidable; la gente era muy maja y muy amable y los hoteles estaban muy bien», recuerdan. Esta vez, aunque la previsión meteorológica no es muy favorable, han metido el bañador en la maleta. «Lo que no hemos cogido ha sido el paraguas, y eso que dicen que tienen que caer 200 litros por metro cuadrado», señalan entre risas.
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A las tres de la tarde, con todos los pensionistas a bordo, el autocar ha arrancado. El destino quizá no era el soñado por muchos de los pasajeros, pero eso ya parecía importar muy poco. Porque ya habían conseguido salir de casa.
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