El Águila Descalza estará este fin de semana en el Teatro Astor Plaza de Bogotá con la obra que retrata costumbres de la identidad antioqueña.
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El Águila Descalza estará este fin de semana en el Teatro Astor Plaza de Bogotá con la obra que retrata costumbres de la identidad antioqueña.Carlos Mario Aguirre y Cristina Toro, creadores y protagonistas de ‘País Paisa’ y fundadores de El Águila Descalza, recuperan con humor la idiosincracia de los pueblos antioqueños. Foto: Archivo El Águila Descalza

24.09.2026 21:55 Actualizado: 24.09.2026 21:55
Hace 40 años, en una sala pequeña donde apenas cabían 25 personas, un pueblo entero se vio reflejado en un escenario. Se llamaba 'País paisa' y era la obra con la que El Águila Descalza puso sobre las tablas la memoria de Antioquia: sus montañeros, sus brujas y sus espantos, sus tenderos y sus madres.
Este fin de semana, esa memoria llega al Teatro Astor Plaza (a las 8 p. m.) , en Bogotá, donde se retoma una gira de celebración con la que recorrerá todo el país.“Es una obra del alma”, dice Cristina Toro.
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Es, cuenta, un reencuentro que permite reivindicar personajes “que hablan de nuestras maneras de sentir y de pensar”, y conectarse con un pasado y un antepasado, con el tránsito de la vida rural a la urbana. Allí está doña Jesusita Restrepo, la mamá de todos: “Una madre que habla por boca de muchas mamás”.
Su compañero de esta aventura Carlos Mario Aguirre recuerda cómo fue el comienzo: “Nosotros no estábamos pensando nada, nosotros estábamos sintiendo”. Realmente buscaban recuperar “el asombro de las noches estrelladas, del río limpio, de la hierba cortada, de la tierra no roturada”, de un tiempo en que los campos estaban poblados por la Patasola, la Madremonte y la Llorona. Lo que los movió entonces, y lo que los sigue moviendo, es “el amor por la tierra y el olor de la tierra”.
Pero 'País paisa' no es solo nostalgia. También es una zancadilla del humor a la grandeza que el paisa se ha atribuido a sí mismo. Cristina lo explica con la sota de copas, un personaje de la vida real que apuesta a beberse una botella de aguardiente de un solo trago. Gana la apuesta y se muere. “¿De qué nos sirve toda esa valentía, ese autoconcepto de grandeza, si finalmente somos seres humanos falibles, completamente vulnerables?”, se pregunta. En escena, aclara, la botella es de agua.
La obra cumple 40 años y por muchas noches llenó el Teatro Metropolitano en Medellín. Foto:Archivo El Águila Descalza
Por eso la sala se llena de gente de todas las clases. “Todos tenemos un antepasado de pata al suelo en alguna generación anterior. Aquí no hay abolengos, aquí no hay sangre azul”, afirma ella. Carlos Mario recuerda que la obra congregó por primera vez en el teatro colombiano a públicos de todas las condiciones: “País paisa se convirtió en una fe, en un carnet de identidad, en una cédula de ciudadanía, en una bandera”.
El Águila Descalza no se quedó en ese éxito, que llenó noches enteras el Teatro Metropolitano. Siguieron obras como La puntica no más y La patria boba, y el grupo tiene su casa en el barrio El Prado, en Medellín.
La devoción, cuentan, pasó de padres a hijos: les han llegado chicos nacidos en Australia, hijos de colombianos, que aprendieron español viendo sus videos, y niñas de siete años que se saben la obra de memoria. “No es un asunto de moda, casi que es una contramoda”, dice Cristina, para quien allí no hay finales felices, sino gente de verdad, falible, “igualmente asombrada frente a la pregunta”. Y aunque vivir del teatro ha sido casi una imposibilidad, ellos se consideran una excepción: “Nosotros tuvimos la posibilidad y la fortuna de haber encontrado un lenguaje”.
Para la celebración, el montaje cambió. Unos menhires y tótems de madera reemplazaron los antiguos biombos y evocan el bosque que, como dice el himno antioqueño, “derrumbó el hacha de los mayores”. Se conserva la cama radio de la tienda de don Emel.
El año pasado el Águila Descalza se presentó en el Astor Plaza con 'Clase Mela'. Foto:Cortesía del grupo.
Hay cuatro canciones de letra y música de Cristina, dos de ellas cantadas en escena, y un video de Juan Fernando Ospina hecho con fotografías de viejos álbumes de gente de distintas partes del país. Regresaron escenas que la obra había perdido, como la del niño y la de la sota de copas.
La gira ha tenido sus contratiempos. Un accidente de Carlos Mario aplazó el inicio de la temporada; luego llegaron funciones en Medellín, Pereira y Armenia. Tras estar en Bogotá volverán a Medellín y seguirán hacia Estados Unidos.
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No buscan llegarle a todo el mundo. “Hay semilla que cae en buena tierra y hay semilla que no cae y que no progresa”, dice Carlos Mario. Y concluye: “Con los que tenemos es suficiente”.
Ángela María Páez Rodríguez
Redacción Impreso
Redes sociales: @angelasintildes
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