A la espera de poder presentarla al público en una exposición, el Museu de Ciències Naturals desvela en un libro los tesoros de la importantísima colección reunida por el empresario Joaquim Folch Girona, que ha sido adquirida por el Departament de Cultura de la Generalitat.Seguir leyendo....
Samsonita, rodocrosita, crisoberilo, vivianita, cinabrio, calcita cobaltífera, kermesita, apatito, vesuvianita, rutilo, arsenopirita, hematites… Incluso desde el más absoluto desconocimiento de la materia, resulta casi imposible resistirse al lujurioso encanto de los nombres de las especies minerales. A menudo sucede que la realidad está luego por debajo de las expectativas que suscitan esas palabras de fantasía, pero no es ese el caso de buena parte de las piezas que componen la colección de minerales Folch-Girona, una de las más importantes del mundo tanto por su valor científico como por su notable sentido estético. A la espera de que se den las condiciones para poder exponer al público la colección, adquirida por el Departament de Cultura de la Generalitat a finales de 2023, un libro coordinado por el Museu de Ciències Naturals de Barcelona (NAT) sacará este otoño a la luz algunos de sus más excepcionales tesoros. EL PERIÓDICO ha tenido el privilegio de verlos de cerca.
Joaquim Folch Girona.En una época en que la mineralogía era en España poco más que un erial, el geólogo, ingeniero y empresario barcelonés Joaquim Folch Girona (1892-1984), fundador de la fábrica de pinturas y barnices Industrias Titán S.A. (famosa por su marca insignia, Titanlux), inició en 1908 una colección privada que, con el tiempo y después de no pocos avatares (incluidos algunos episodios de película), llegó a reunir unos 10.000 ejemplares, principalmente de minerales aunque también incluía algunos meteoritos y gemas. En paralelo, Folch tuvo la atinada idea de construir una colección de duplicados igualmente valiosa. Tras la muerte del empresario, sus herederos no solo conservaron intacta la colección, sino que a partir de 2002 la ampliaron con nuevos ejemplares adquiridos con los fondos obtenidos por la venta de duplicados hasta llegar a las 12.000 piezas.
Carles Lalueza, director del museo, asegura que la espera, en cualquier caso, valdrá la pena. "Con la llegada de la colección Folch, Barcelona adquiere un rol de primera división en el ámbito de los minerales", sentencia. Un mundo cuya capitalidad se reparte actualmente entre Washington (con la apabullante colección del Instituto Smithsonian), París y Londres, aunque Miquel Roquet, conservador de Mineralogía del NAT, destaca la pujanza del Museo Mim de Beirut, que, a diferencia de las anteriores, es una colección totalmente privada. "Y ojo con China, que cuenta con unos yacimientos espectaculares", añade.