Hay algo francamente curioso en el debate actual sobre la vivienda: cuando faltan casas y los precios se disparan, la responsabilidad parece recaer siempre sobre el propietario. Da igual que tenga un piso heredado, tres apartamentos o trescientos. De pronto, todos parecen formar parte de una conspiración destinada a impedir que los jóvenes puedan emanciparse. Conviene llamar a las cosas por su nombre. El propietario no es el Estado. Debe cumplir la ley, pagar sus impuestos y respetar los derechos de sus inquilinos. No tiene la obligación de financiar con su patrimonio una política social que corresponde a las Administraciones públicas. Si la vivienda es un derecho, su garantía no puede depender de la buena voluntad ni del bolsillo de los particulares. Un Gobierno que considere prioritaria la vivienda debe actuar donde realmente está el problema: en la falta de oferta. Eso significa construir vivienda pública, protegida y asequible, facilitar suelo, agilizar licencias y mantener un parque público permanente. Existe una regla elemental en cualquier mercado. Cuando la demanda supera ampliamente a la oferta, los precios suben. La solución exige corregir ese desequilibrio. Durante el franquismo, entre 1951 y 1975, se construyeron en España más de cinco millones de viviendas, muchas de ellas protegidas. José Luis de Arrese, ministro de Vivienda, impulsó buena parte de aquella política. Recordarlo no significa reivindicar el franquismo. Significa constatar que un Estado puede movilizar recursos cuando decide construir vivienda a gran escala. Lo difícil de justificar es pretender que el propietario privado sea al mismo tiempo casero, promotor social, regulador de precios y responsable de resolver un problema que corresponde a los poderes públicos. La especulación no se combate convirtiendo al propietario en culpable automático. También se combate aumentando la oferta hasta que la escasez deje de alimentar los precios. Antes de buscar culpables, habría que construir casas. Muchas casas. Vivienda pública, protegida y asequible. Después podremos discutir cuánto debe pagar un inquilino o cuánto puede cobrar un propietario. El problema seguirá sin resolverse mientras haya menos viviendas de las que necesitamos. Qué manera tan original de construir una casa: empezar por el tejado.
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