A Pere Arpa se le ve jovial y entregado a Can Gelada, en Riudellots de la Creu, el restaurante que ha revivido y que, en simbiosis, le ayuda a revivir. Pere tuvo estrella en Ca L’Arpa, en Banyoles, se la quitaron y la recuperó en un año, en una restitución insólita de la compañía de neumáticos, que no reconoce errores.Seguir leyendo....
A Pere Arpa se le ve jovial y entregado a Can Gelada, en Riudellots de la Creu, el restaurante que ha revivido y que, en simbiosis, le ayuda a revivir. Pere tuvo estrella en Ca L’Arpa, en Banyoles, se la quitaron y la recuperó en un año, en una restitución insólita de la compañía de neumáticos, que no reconoce errores.
Alejado hoy del brillo o la oscuridad de las constelaciones, y sin reproches para la guía, resume la etapa actual con tres palabras: “Cocina, cocina y cocina”.
Paratge Masos de Riudellots, Riudellots de la Creu, Girona
Tf: 620.216.092
Precio medio (sin vino): 40 €
Menú del día: 22 y 35 €
Nació en 1969 y está en esa edad en la que el consuelo es mirar hacia atrás, si bien él prefiere mirar hacia adelante porque tiene ante sí un trabajo enorme, que es adecuar Can Gelada, establecimiento fundado hace casi 60 años, con multitud de espacios y subterráneos, una cocina que renovar y una sala que también necesita actualización.

La cazuela de fideos, gamba, sepia y butifarra negra de Can Gelada. / Pau Arenós
Va poco a poco (“no hay ni un duro”), ahora los baños, ahora el reservado. Comenzó el despegue en septiembre del 2025.
Entiende Can Gelada como un proyecto a compartir con su hijo Martí, de 18 años, cocinero en ruta por grandes casas como Aponiente, Tinars y Villa Más. Piensa en el futuro para sentar las bases del presente. Está tan solapado con la situación que vive en el piso de arriba.

El plato de embutidos caseros de Can Gelada. / Pau Arenós
“Lo he hecho todo yo”, manos habilidosas, pues, de artista que estudió en la escuela Eina y que ha colgado algunos de sus cuadros en las paredes de la masía: “Aunque ahora pinto poco”.
Concentra el arte en los embutidos y la elaboración de vermut, en un proceso natural que siguen algunos cocineros para comprender los materiales, como si un pintor en lugar de comprar los tubos se hiciera los pigmentos.

La caballa con uvas, crema de almendras y ajos de Can Gelada. / Pau Arenós
Tiene un gallinero –gallinas ‘nana flor d’ametller’ para uso personal–, una antigua nevera como secadero para los fuets, un ahumador y una máquina parrillera diseñada por él y construida por Nahuel Moller, de Moller Smokers, con distintos compartimentos para aprovechar el calor de una forma óptima.
Otros restaurantes disponen de equipamientos dibujados por los chefs en torno a la llama, como la Marxi de Malena, en Lleida, y La Makina de Bakea, en Vizcaya. Crece el movimiento de quienes no solo se conforman con el cuchillo.
Cocina, cocina, cocina, ha dicho, “cocina catalana”, como ampliación, cocina catalana moderna, digo yo.

Pere Arpa, con los embutidos que elabora en Can Gelada. / Pau Arenós
Sus fideos con sepia estofada, gamba, butifarra negra, sofrito y caldo de pescado deberían ser reproducidos en neón y colocados en lo alto de Can Gelada con un rótulo: “No se los pierdan”. Son además, fideos-fideos, de la casa Canigó y no ‘gramigna’ ni ‘bucatini’ cortado ni otras excusas a la italiana.
El cerdo es imprescindible acompañante: guiso de calamares rellenos de ‘pilota’; ‘peu de porc’ hervido y planchado, con una capa crujiente de colágeno, que no necesita la coartada del fuagrás para el aplauso; arroz bomba de Pals con butifarras y salchichas del obrador, setas, conejo y caldo de carcasas de pato y pollo servido en un ‘paelló’, y muy bien.

El comedor de Can Gelada, en Riudellots de la Creu. / Pau Arenós
Y los embutidos: el fuet, el magret, el ‘cap de porc’, la butifarra blanca y la butifarra de hígado tan difícil de encontrar. Propia del Pla de l’Estany, es una maravilla cerdícola que Pere consolida.

La entrada de Can Gelada, en Riudellots de la Creu. / Pau Arenós
Ya sin el amigo puerco, los calamares a la romana de La Masia, restaurante de sus abuelos Ramon y Maria, así como el Hostal Mas Ferrer, y dos entrantes de los tiempos de la alta cocina cabal de El Rebost d’en Pere, su primer negocio, y de Ca L’Arpa: las sardinas marinadas con puré de garbanzos y pipas de calabaza y la caballa con uvas, crema de almendras y ajos, dos platos similares en pensamiento y composición, pero con sabores bien diferenciados.
Pequeño tropiezo con el ‘menjar blanc’ con azafrán, demasiado denso. De la bodega bien surtida en el fondo sin fin de la masía, donde hay botas tan antiguas como irrecuperables, bebo Croma Negra, de Marc Alonso.
Noticias relacionadas
El chaval que quería ser artista y que se hizo cocinero y que pasó por sitios que existen y otros que dejaron de existir, vuelve atrás para una cocina de la leña, la cazuela y el compromiso. En una fotografía en la pared, el abuelo Pere Arpa vigila a Pere Arpa. No le dejará relajarse.
Antonio Rosales, Dolors Ortiz y Kebbeh Kumba.
Suscríbete para seguir leyendo