En las últimas semanas ha habido varios ahogamientos de niños pequeños en Baleares. ¿Qué aconseja a las familias para prevenir este tipo de tragedias?
En las últimas semanas ha habido varios ahogamientos de niños pequeños en Baleares. ¿Qué aconseja a las familias para prevenir este tipo de tragedias?
La medida más importante es la supervisión familiar. Casi todos los niños que se ahogan lo hacen porque, en algún momento, escapan a la vigilancia de los adultos. Especialmente con los menores de seis años, y sobre todo con los menores de cuatro, hay que mantenerlos siempre al alcance de un brazo. Es decir, lo suficientemente cerca como para poder sacarlos inmediatamente si caen al agua. Después hay otras medidas muy importantes, como enseñarles a nadar desde pequeños, pero ninguna sustituye a la vigilancia constante.
¿A partir de qué edad recomienda enseñar a nadar a los niños?
A partir del primer año ya se les puede enseñar, al menos, a flotar. Desde los cuatro años ya tienen las habilidades necesarias para empezar a aprender natación de una forma más completa. Eso sí, que un niño aprenda a nadar no significa que podamos dejar de vigilarlo. Hasta que no nada de una forma realmente eficaz para defenderse solo, hay que seguir supervisándolo muy de cerca.
¿Qué otras medidas recomienda?
Vallar la piscina es una medida de protección fundamental. La mayoría de los ahogamientos infantiles en Baleares no ocurren en el mar, sino en piscinas. Si esa piscina está vallada por los cuatro lados y dispone de un cierre automático de seguridad, ese accidente puede evitarse.
¿Cuántos casos ha habido este verano?
En la UCI Pediátrica de Son Espases, hasta ahora hemos atendido tres casos de ahogamiento. Dos de esos niños fallecieron porque permanecieron demasiado tiempo bajo el agua y el cerebro estuvo varios minutos sin recibir oxígeno. Son situaciones muy duras porque, en la inmensa mayoría de los casos, hablamos de accidentes evitables. La inmensa mayoría de estos accidentes pueden prevenirse.
¿Son más casos que otros años?
Todavía es pronto para hacer comparaciones porque estamos al principio del verano. Si analizamos la serie histórica, diría que las cifras se mantienen relativamente estables. En la UCI solemos ingresar una media de unos seis niños al año por ahogamiento, aunque hay temporadas con dos casos y otras con ocho o diez. En cuanto a los fallecimientos, normalmente hablamos de entre uno y tres al año, aunque puede haber variaciones.
¿Qué perfil tienen estos niños?
El grupo de mayor riesgo son los menores de seis años, especialmente los menores de cuatro. Es lógico porque todavía no saben nadar o no tienen habilidades para defenderse si caen al agua. Después existe otro pico de riesgo en la adolescencia, a partir de los 14 años, aunque ahí las circunstancias son distintas. Suelen ser conductas de riesgo, como lanzarse desde rocas, bañarse en zonas peligrosas o hacerlo bajo los efectos del alcohol o las drogas.
¿Suelen ser turistas?
Muchas veces sí. En nuestra comunidad vemos algunos casos de niños de ocho, nueve o diez años que vienen de vacaciones desde otros países y que no saben nadar o no lo hacen con suficiente soltura. Aquí el aprendizaje precoz de la natación está bastante extendido porque convivimos con el mar desde pequeños, pero no ocurre igual en otros lugares.
Cuando analizan estos accidentes, ¿hay algún patrón que se repita?
Sí, el patrón más frecuente es el descuido puntual. El niño estaba con la familia, pero en un momento determinado desaparece de la vista de los adultos y nadie se da cuenta de que ha llegado al agua. Si alguien presencia inmediatamente la caída puede rescatarlo enseguida, pero a veces pasan minutos sin que nadie se dé cuenta.
¿Ese despiste de apenas unos minutos puede ser suficiente?
Claro. Los niños son muy inquietos. Puedes pensar que está a tu lado y, mientras hablas por teléfono, preparas la comida o te das la vuelta unos segundos, ya se ha movido. Cuando vuelves a mirar, puede estar en el fondo de la piscina. Ese es el error que más vemos: creer que el niño está controlado cuando, en realidad, nadie lo está vigilando de forma directa.
Es decir, que no basta con tener al niño cerca.
No. Hay que estar pendiente de él continuamente. Especialmente si no sabe nadar perfectamente. Siempre recomendamos que haya un adulto cuya única función sea vigilar a los niños mientras están en el agua.
Hay otros elementos de seguridad, como los manguitos o los flotadores. ¿Realmente protegen?
Hay que tener mucho cuidado con esa falsa sensación de seguridad. Los manguitos, los flotadores o los churros pueden servir como elementos de juego o de apoyo, pero nunca sustituyen la vigilancia de un adulto. Lo realmente seguro es que el niño esté acompañado y vigilado constantemente.
Entonces, ¿hay algún dispositivo que sí recomiende?
Lo que recomendamos son los chalecos salvavidas homologados cuando los niños están en embarcaciones o realizando actividades en el mar. En piscinas, el mejor sistema de seguridad sigue siendo la vigilancia directa de los padres o cuidadores.
¿Las piscinas hinchables o las pequeñas también pueden ser peligrosas?
Sí, un niño pequeño puede ahogarse con muy poca agua. Incluso unos pocos centímetros pueden ser suficientes, porque el problema no es la profundidad, sino que el niño no sea capaz de incorporarse una vez cae boca abajo. Por eso también hay que vaciar las piscinas hinchables cuando dejan de utilizarse.
¿Las piscinas particulares son más peligrosas que las playas?
En el caso de los niños pequeños, sí. La mayoría de los ahogamientos que atendemos se producen en piscinas privadas, ya sean de viviendas particulares, comunidades o alojamientos vacacionales. Son espacios donde las familias se relajan porque creen que son seguros y donde resulta más fácil que se produzca un descuido. En las playas suele haber más vigilancia, más personas alrededor e incluso socorristas en muchos casos.
Si un adulto encuentra a un niño inconsciente dentro del agua, ¿qué debe hacer en los primeros segundos?
Lo primero es sacar al niño del agua con la mayor rapidez posible y comprobar si responde y si respira. Si no respira con normalidad hay que avisar inmediatamente al 112 e iniciar maniobras de reanimación cardiopulmonar. En los ahogamientos, lo primero son cinco ventilaciones de rescate antes de comenzar con las compresiones torácicas, porque el problema inicial suele ser la falta de oxígeno. Cuanto antes se inicie la reanimación, mayores posibilidades tendrá el niño de sobrevivir sin secuelas.
¿Es importante que la población conozca estas maniobras?
Muchísimo. Igual que cada vez más gente aprende a utilizar un desfibrilador, sería muy positivo que la población recibiera formación básica en reanimación cardiopulmonar. Son conocimientos sencillos que pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte mientras llegan los servicios de emergencias.
¿Un ahogamiento siempre va acompañado de gritos, chapoteo y movimiento?
No, y este es un mensaje muy importante: un niño puede ahogarse en silencio y en cuestión de apenas unos minutos. De hecho, los ahogamientos suelen ser silenciosos. El niño no grita porque está intentando respirar. Tampoco suele mover los brazos pidiendo ayuda como aparece en las películas. Muchas veces simplemente permanece inmóvil, con la cabeza muy baja o desaparece bajo el agua sin hacer ruido. Por eso es tan importante mantener el contacto visual. Un niño puede perder el conocimiento en cuestión de minutos si permanece sumergido.
Una vez rescatado, si el niño parece encontrarse bien, ¿es necesario ir igualmente al hospital?
Depende de lo que haya ocurrido. Si ha habido un episodio de inmersión importante, aunque el niño aparentemente esté bien, siempre es recomendable que sea valorado por un profesional sanitario. En ocasiones pueden aparecer complicaciones respiratorias horas después del accidente. Ante cualquier duda, es mejor acudir a un servicio de urgencias para que pueda ser explorado.
Dejando a un lado los ahogamientos, ¿cómo va el verano en Pediatría? ¿Se nota un aumento de la presión asistencial?
Los veranos siempre son variables porque dependen mucho de las infecciones que circulan en cada momento. Hasta ahora estamos teniendo una presión asistencial normal. Es verdad que en verano aumentan determinados accidentes, como los ahogamientos, los accidentes de tráfico, las caídas o los relacionados con patinetes, pero, de momento, la actividad entra dentro de lo habitual para esta época del año.
¿Qué patologías están viendo con más frecuencia estas semanas?
En verano predominan los accidentes de todo tipo, entre ellos los ahogamientos, que son una de nuestras principales preocupaciones. También atendemos muchas infecciones, aunque son diferentes a las del invierno. Suelen ser otros virus, además de diarreas y procesos gastrointestinales, que también generan una carga asistencial importante. La situación puede cambiar mucho de una semana a otra, pero, en conjunto, es un verano normal.
¿Existe preocupación por la falta de pediatras?
La preocupación existe todo el año, no solo en verano. No tenemos tantos pediatras como nos gustaría, y es un problema que afecta a Baleares y al conjunto de España. En verano se añade además la necesidad de organizar las vacaciones de los profesionales sin dejar de cubrir la asistencia sanitaria, por lo que siempre hay que hacer un esfuerzo de planificación para mantener todos los servicios esenciales.
¿Cuántos pediatras faltan ahora mismo en Baleares?
Sobre todo en Atención Primaria seguimos teniendo muchas plazas de especialistas en Pediatría sin cubrir. Podríamos estar hablando de un déficit de entre 50 y 70 pediatras en toda la comunidad autónoma. En los últimos dos años Baleares ha mejorado la situación, especialmente en Atención Primaria, pero seguimos teniendo dificultades para atraer profesionales. El principal obstáculo sigue siendo el coste de la vivienda y, en general, el coste de la vida, que hace que muchos médicos opten por trabajar en otras comunidades autónomas. n
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