Barcelona vivirá su momento deportivo más importante desde los Juegos Olímpicos del 92 con la salida del Tour de Francia desde nuestra ciudad. Estamos preparados e ilusionados. Es un orgullo convertirnos en la primera ciudad que puede presumir de haber acogido una Olimpiada, un Mundial de Fútbol (y en 2030, otro), una Copa América de Vela y también la esperada salida del Tour en nuestras calles. Leer la noticia completa
Barcelona vivirá su momento deportivo más importante desde los Juegos Olímpicos del 92 con la salida del Tour de Francia desde nuestra ciudad. Estamos preparados e ilusionados. Es un orgullo convertirnos en la primera ciudad que puede presumir de haber acogido una Olimpiada, un Mundial de Fútbol (y en 2030, otro), una Copa América de Vela y también la esperada salida del Tour en nuestras calles.
Una ciudad que también acoge eventos relevantes como el Godó en tenis, la F1 y MotoGP en motor, o un Medio Maratón y Maratón que están entre los mejores de Europa, además de contar con miles de deportistas de base y una ciudadanía implicada al máximo con la práctica deportiva.
El Tour llega en un gran momento, cuando el orgullo de sentirnos barceloneses vuelve a remontar. Porque en lo más alto de la Sagrada Familia, en la Torre de Jesús, vimos hace unas semanas una ciudad que se explica al mundo.
La salida del Tour persigue el mismo objetivo: explicar que somos una capital global con valores, que abraza su diversidad y afronta los enormes retos que tiene con valentía y ambición.
Ya no salimos al mundo a vendernos, salimos a explicarnos. Cuando Barcelona habla, el mundo escucha. En pocos días, nuestras calles volverán a ser el epicentro del deporte mundial, con permiso del fútbol.
Miles de niños y niñas verán a sus ídolos pedalear ante sus casas. Miles de hombres y mujeres viviremos en directo el gran espectáculo del ciclismo. Miles de abuelos y abuelas verán como aquella competición lejana que oían por la radio en pleno calor veraniego se convierte en una realidad ante sus ojos.
Este es el principal legado inmaterial que nos dejará el Tour: el orgullo de ser barceloneses. Un orgullo mutuo, también del Tour por Barcelona, porque juntos contribuiremos a la mejor Grand Départ de la historia.