La final del Mundial de fútbol entre España y Argentina, que se disputa este domingo 19 de julio, promete mantener a millones de aficionados con el corazón en un puño. La emoción, la incertidumbre del resultado y la implicación emocional con un equipo hacen que el organismo active su respuesta al estrés, incluso aunque el espectador no se mueva del sofá.
La final del Mundial de fútbol entre España y Argentina, que se disputa este domingo 19 de julio, promete mantener a millones de aficionados con el corazón en un puño. La emoción, la incertidumbre del resultado y la implicación emocional con un equipo hacen que el organismo active su respuesta al estrés, incluso aunque el espectador no se mueva del sofá.
En esos momentos, el cuerpo libera hormonas como la adrenalina, que elevan la frecuencia cardiaca y aumentan de forma temporal la presión arterial. En personas sanas, estos cambios suelen desaparecer cuando termina el partido. Sin embargo, quienes padecen hipertensión no controlada, cardiopatía isquémica, insuficiencia cardiaca o determinadas arritmias deben prestar especial atención.
"Durante una final, el corazón puede acelerarse sin que exista ningún esfuerzo físico. No significa necesariamente que haya un problema de salud, pero sí conviene extremar las precauciones si ya existe una enfermedad cardiovascular, sobre todo si la emoción se combina con alcohol, tabaco o un mal cumplimiento del tratamiento", explica el doctor José Luis Zamorano, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario Sanitas La Zarzuela.
El impacto del fútbol sobre el organismo también ha quedado reflejado en la tecnología. Un estudio publicado en 2026 en Scientific Reports analizó los datos de relojes inteligentes de 229 aficionados durante doce semanas y observó que el nivel medio de estrés aumentó un 41 % el día de la final respecto a jornadas sin partido. Además, la frecuencia cardiaca alcanzó sus valores más altos en los minutos previos y al inicio del encuentro.
Desde el punto de vista psicológico, los especialistas recuerdan que intentar reprimir la emoción suele ser contraproducente. Lo importante es identificar ese estado de activación y evitar que termine generando una sensación de pérdida de control. A ello también contribuye el entorno: el ruido, las discusiones, las reacciones del resto de aficionados o la consulta constante de las redes sociales pueden mantener al cerebro en alerta durante todo el partido.

Aficionados a la selección española de fútbol durante la celebración del partido de semifinales del mundial entre España y Francia. Foto archivo / Eduardo Sanz - Europa Press
Apartarse unos minutos de la pantalla"Sentir nervios ante una final es completamente normal. Si la tensión aumenta demasiado, puede ser útil apartarse unos minutos de la pantalla, reducir los estímulos y recordar que el resultado no depende de nosotros. Esa pequeña desconexión ayuda a recuperar la sensación de control sin dejar de disfrutar del partido", señala Soledad Scarcella, psicóloga de Blua de Sanitas.
Para vivir la final con mayor tranquilidad, especialmente en personas con factores de riesgo cardiovascular o patologías previas, los expertos de Sanitas recomiendan:
"Si los nervios se prolongan durante horas, dificultan el sueño o provocan episodios repetidos de angustia, es recomendable consultar con un profesional sanitario. La emoción forma parte del deporte, pero no debe hacernos pasar por alto las señales que nos envía el organismo", concluye la psicóloga de Blua de Sanitas.
Fuente: La Nueva España