Pablo Álvarez, de viaje en la capital de los rascacielos, alargó la fiesta por la segunda estrella hasta la noche: «El ambiente era increíble, no sabía si estaba en Times Square o en la plaza de Villamanín»
20/07/2026 Actualizado a las 19:50h.
Vivir una final mundial en la ciudad donde se está disputando el partido ya es, de por sí, toda una experiencia. Que tu país sea uno de los que se enfrentan por el título, una suerte. Pero que, encima, gane el partido y consiga la segunda estrella que acredita a España como bicampeones del mundo es, desde luego, un sueño que para Pablo Álvarez, vecino de Villamanín, no ha podido ser más real.
De viaje en Nueva York junto a su amiga Lucía para visitar a una colega que vive allí, el destino quería que disfrutaran de la victoria de la selección española en el corazón de Manhattan. Con su camiseta especial de Casa Ezequiel con el rojo corporativo de la selección, Pablo y sus amigas vivían la final en el restaurante La Nacional, un club español donde se sintieron casi «como en casa» comiendo «tortilla de patata, jamón y Estrella Galicia».
«Fue muy emocionante. El partido lo vivimos con mucha tensión hasta el gol», cuenta Pablo, que no podía dejar de contarnos la anécdota por excelencia: porque sí, el leonés estaba en Nueva York en la final del Mundial, pero justo en el momento en el que Ferran Torres nos regaló un gol para la historia «me pilló en el baño y no lo pude ver».
«Había un ambiente de fiesta que no sabía si estaba en Nueva York o en la plaza de Villamanín»
La alegría estallaba cuando el árbitro pitaba el final del encuentro. Dentro y fuera del local, donde había instalada una pantalla -no como en la ciudad de León- en la que miles de aficionados de todo el mundo, «todos con España», disfrutaron la victoria. «Estaba hasta arriba de gente, la policía de Nueva York tuvo que cortar el tráfico... era una pasada», recuerda Pablo, que reconoce que el ambientazo que había le hacía dudar: «No sabía si estaba en Nueva York o en Villamanín celebrando la victoria».
Entre fiesta, euforia desatada y mucha celebración, la afición española se desplazaba a una Times Square que se quedaba pequeña. «No cabía un alfiler, no nos podíamos mover», cuenta el joven que recuerda cómo todos juntos cantaban canciones de Melendi o Aitana -por supuesto no podía dejar de sonar 'Superestrella', uno de los himnos del mundial- y cómo se emocionaba al ver los rascacielos más famosos de la ciudad iluminados con los colores de España. «Se me escapó alguna lagrimilla, era muy emocionante», reconoce.
Con la euforia inicial ya superada ahora queda el bonito recuerdo de un día histórico y el resto de un viaje en Nueva York con sus amigas en el que, seguro, no se le borrará la sonrisa. Hoy reconoce que le da un poco de pena no estar en España y poder seguir celebrando, pero no todo el mundo podrá contar que, cuando España ganó su segunda estrella, estaba en el epicentro de la fiesta.