El traje de chaqueta y pantalón de color blanco se ha convertido en los últimos años en un símbolo habitual entre las mujeres políticas. Te contamos el porqué.
Kamala Harris, María Corina Machado o Isabel Díaz Ayuso son algunas de las mujeres que han confirmado que el traje blanco es una las opciones estilísticas favoritas en el mundo de la política. Sin embargo, se trata de una decisión que va más allá de una tendencia o de un look acertado para citas institucionales, un dos piezas sastre en este color esconde un significado que hace que sea un outfit cargado de simbología.
Y es que, aunque se sabe que el blanco significa pureza, su objetivo en el mundo de la moda trasciende más allá de esa característica que se le atribuye a las novias. Se trata de un color que transmite muchísimas sensaciones y que está asociado a un sinfín de características, además de ser símbolo feminista, entre otras cosas.
Del blanco se dice que representa la bondad, la inocencia y la pureza. También que simboliza la paz, la humildad y el amor y está vinculado a la vida, a la sinceridad y a la espiritualidad. Pero, en el caso de la política, hay más. El traje blanco en las mujeres políticas es un poderoso símbolo de empoderamiento femenino, unidad y nuevos comienzos. Su uso está profundamente arraigado en la historia del movimiento sufragista y se ha convertido en un estandarte visual para reivindicar el papel de la mujer en las instituciones de poder.
Reivindicación del voto femenino
Pero, ¿de dónde viene este significado? Históricamente, el blanco fue adoptado en 1913 por las primeras sufragistas en Estados Unidos (junto con el morado y el verde) para simbolizar la pureza de su causa. En este caso, este color no solo era un símbolo de rectitud, sino que garantizaba un fuerte impacto visual cuando grandes grupos de mujeres se manifestaban juntas, ayudándolas a destacar frente a los tonos oscuros tradicionales.
Un símbolo que ha evolucionado en la era moderna combinándose con el uso del traje pantalón blanco, el cual se ha resignificado como un uniforme de resistencia y solidaridad femenina. Representantes políticas han vestido de blanco con este tipo de dos piezas para rendir tributo a las mujeres que lucharon en el pasado y subrayar el trabajo de las generaciones futuras y lo han elegido para citas especiales.
Es el caso de Yolanda Díaz o Diana Morant, que han optado por trajes blancos en tomas de posesión o momentos legislativos clave, utilizándolo como un símbolo de transparencia, esperanza y modernidad. De hecho, para la vicepresidenta del Gobierno se trata de un estilismo habitual y lo ha lucido en numerosas ocasiones versionándolo dependiendo del momento.
Pero hay más. Cuando María Corina Machado viajó a Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz también escogió un traje blanco confirmando otro significado de este estilismo, ya que históricamente, las figuras asociadas al este premio han utilizado el vestuario como una extensión de su mensaje ético. Madre Teresa de Calcuta hizo del blanco una renuncia consciente al poder material para elevar la autoridad moral y Malala Yousafzai combinó tonos claros con indumentaria tradicional como afirmación identitaria frente a Occidente.
Sin embargo, en estos casos el blanco fue leído como moralidad, sacrificio o espiritualidad. Y con María Corina Machado fue distinto. Aquí el blanco no era estético ni ceremonial, era institucional. Y la clave de la fórmula estaba en el traje de chaqueta y pantalón que aportaba notoriedad.
Por último desde la semiótica del color, el blanco absoluto comunica tres ideas fundamentales: transparencia como valor político, punto cero institucional y superioridad moral sin victimización. Se utiliza en el ámbito de la comunicación política para proyectar porque transmite una imagen de conciliación y voluntad negociadora.
Es un color que te puede hacer lucir profesional, elegante, moderna, sofisticada e incluso intelectual y que produce en los demás confianza, tranquilidad, optimismo e hasta la sensación de un nuevo comienzo. Además, al utilizar un traje sastre (que tradicionalmente era una prenda exclusiva del vestuario masculino), las mujeres políticas reclaman su espacio de poder en un terreno históricamente dominado por hombres.