Los expertos en moda Anitta Ruiz, Víctor Blanco y Jesús Reyes y el diseñador hondureño Gustavo Ardón analizan el mensaje detrás del look con guayabera del rey Felipe en Madrid.
La visita de Felipe VI junto a Isabel Díaz Ayuso a unas instalaciones del Canal de Isabel II en Madrid nos ha dejado una imagen poco habitual del monarca. Habituadas como estamos a ver al rey con sus impecables trajes, sus camisas perfectas y sus corbatas siempre bien anudadas, en esta ocasión ha cambiado su «uniforme» de trabajo por una guayabera, una prenda de gala en muchos países tropicales pero poco común en actos oficiales a este lado del charco. El debate sartorial, como no podida ser de otra forma, no ha tardado en saltar.
«Lo primero que tenemos que saber es que la guayabera es una prenda formal que, en zonas con climas cálidos, sustituye al traje de chaqueta y corbata», nos explica Anitta Ruiz, asesora de moda e imagen y divulgadora en redes sociales. Además, tal y como detalla el diseñador hondureño Gustavo Ardón, «tiene una enorme legitimidad histórica en numerosos países de América Latina y representa una forma de vestir sofisticada, respetuosa y perfectamente adaptada a las altas temperaturas».
Para el estilista Víctor Blanco, responsable de muchos de los mejores looks de las celebrities en la alfombra roja, «lo interesante en este caso no es tanto la prenda en sí, sino el mensaje que transmite. En un momento en el que Madrid está experimentando temperaturas excepcionalmente altas, insistir en códigos de vestimenta concebidos para otros climas puede resultar más rígido que elegante». Y señala que «una guayabera bien confeccionada, en tejidos nobles y con un patrón impecable, puede resultar más coherente y sofisticada que un traje oscuro de lana soportando 40 grados».
La misma línea comparte Jesús Reyes, periodista experto en moda, Casa Real y autor de libros como la guía de estilo Alter Ego o Leonor. Estilo de una Borbón y Ortiz, que apunta que, aunque «en España no forma parte de nuestro imaginario habitual de poder, me parece una elección inteligente, sofisticada y perfectamente alineada con las circunstancias del acto. El protocolo del siglo XXI ya no se mide únicamente por la rigidez de los códigos, sino también por la capacidad de adaptarlos con criterio».
Además, Anitta Ruiz recuerda que no es algo nuevo ver a nuestro rey lucir esta prenda en sus visitas a América Latina. «De hecho, incluso el año pasado en la recepción en Marivent se recomendó a los asistentes que la usaran, él la llevó y estaba estupendo». También incide en que, en el caso del comentado look de Felipe VI en Madrid, «la ha combinado como debe ser, con pantalón de traje y zapato» y sentencia la experta: «prefiero verle con guayabera elegantísimo que que le dé un vaído por el calor».
El nuevo protocolo de moda que impone el clima
El diseñador hondureño Gustavo Ardón tiene claro que «más allá de la prenda concreta, este episodio refleja algo mucho más interesante: la evolución de los códigos de representación institucional en una sociedad marcada por nuevas realidades climáticas, culturales y sociales. Y la elección de una guayabera por parte del Rey Felipe VI demuestra que la imagen pública puede mantenerse impecable sin necesidad de recurrir siempre a los códigos más convencionales».
Pero este detalle sartorial podría tener una trascendencia mucho mayor. Un cambio de paradigma en los códigos estéticos y en el protocolo provocados por la nueva realidad climática a la que asistimos. «Es algo que está ocurriendo ya. La moda siempre ha sido una respuesta al entorno y la verdadera elegancia siempre ha consistido en comprender el contexto. Históricamente, los códigos de protocolo han evolucionado para adaptarse a la realidad social, política y climática de cada época», relata Víctor Blanco.
Y es que, tal y como apunta Jesús Reyes, la moda siempre ha sido una respuesta a la realidad social, económica y climática de cada época. «Estamos viendo cómo las altas temperaturas están obligando a replantear conceptos que durante décadas parecían inamovibles, especialmente en los ámbitos corporativos e institucionales. Tejidos más ligeros, estructuras menos rígidas y nuevas formas de elegancia están ganando terreno. No creo que desaparezcan los códigos clásicos, pero sí veremos una reinterpretación mucho más funcional de los mismos», asegura el periodista experto en moda y Casa Real.
La elegancia contemporánea ya no puede construirse únicamente desde la tradición, debe incorporar también funcionalidad, contexto y sensibilidad hacia el entorno, tal y como nos explica Gustavo Ardón. Pero con un protocolo y una etiqueta que también «requieren constancia para que se acepten, porque todo aquello que es disruptivo siempre es difícil de asimilar en un primer momento por el grueso de la población», en opinión de Anitta Ruiz. Eso sí, la experta augura que «si el rey se perpetúa en el uso de esta prenda y se amplifica a la gente, terminaremos considerándola parte de nuestro vestuario de etiqueta también».
Víctor Blanco también lo tiene claro: «lo que hoy vemos como una excepción probablemente será la norma dentro de unos años: tejidos técnicos de alta calidad, prendas más ligeras, siluetas menos rígidas y una reinterpretación de la formalidad basada más en la calidad de la prenda que en la cantidad de capas que llevamos encima». A lo que Jesús Reyes añade que veremos cada vez más protagonismo de fibras naturales, patronajes relajados, siluetas fluidas y una elegancia basada en la calidad del tejido y la construcción de la prenda más que en la rigidez formal. El verdadero lujo del futuro será vestir adecuadamente para cada contexto sin renunciar a la comodidad».
Los referentes de estilo de la nueva estética del poder
Como bien dice Anitta Ruiz, «la ropa habla» y después de siglos en las que la autoridad se expresaba a través de estructuras rígidas, tejidos pesados y una cierta distancia visual, «hoy la sociedad demanda líderes más cercanos, más humanos y también más coherentes con la realidad que les rodea», como afirma Gustavo Ardón, que apostilla también que «la moda, como lenguaje de comunicación no verbal, no es ajena a esta evolución».
Así, ante este cambio de protocolo climático y de estética del poder, Jesús Reyes apunta que «hoy los líderes más eficaces entienden que la cercanía también forma parte de la autoridad y estamos viendo una evolución hacia una estética más humana, adaptable y contextual». Una opinión que comparte también Víctor Blanco, que califica de «transición muy interesante» a esta nueva era en la «la sociedad demanda cercanía, autenticidad y capacidad de adaptación. Por eso los looks empiezan a priorizar el confort, la funcionalidad y la sofisticación relajada, con menos rigidez en los protocolos institucionales». Porque, como apostilla el estilista, «la nueva sofisticación no consistirá en soportar el calor con estoicismo, sino en proyectar autoridad sin renunciar al bienestar».
Este cambio semiótico en el lenguaje del poder a través de la moda también encuentra nuevos referentes. «En el ámbito royal, figuras como Felipe VI están empezando a reflejar esa transición cuando adaptan su imagen a las circunstancias sin perder institucionalidad. También Kate Middleton ha sabido modernizar determinados códigos tradicionales manteniendo la elegancia que exige su posición», señala Víctor Blanco, mientras que Jesús Reyes se fija en figuras «como la Reina Letizia, pionera en utilizar la moda como una herramienta de comunicación estratégica, mientras que la Princesa Leonor representa una nueva generación que entiende perfectamente el valor del lenguaje visual». A nivel internacional, el periodista coincide con el estilista en la princesa de Gales y añade el ejemplo de la reina Máxima de Holanda, «que muestra cómo la moda puede proyectar liderazgo sin necesidad de recurrir a códigos excesivamente rígidos»
Más allá de la anécdota sartorial de la guayabera del rey Felipe VI en plena ola de calor extremo en Madrid, esta claro que los tiempos están cambiando y que esta nueva estética de poder ya no busca tanto imponer como conectar a través de una resignificación de los códigos de vestimenta. «No se trata de perder formalidad, sino de redefinirla. La verdadera sofisticación consiste en entender el momento histórico que vivimos y vestir en consecuencia», remata el hondureño Gustavo Ardón.