Este profesional confiesa que “Cuando veo uno de mis coches por la calle, casi puedo volver a sentir mis manos sobre la arcilla”
Antes de que un coche llegue al concesionario, antes incluso de que exista un prototipo funcional, hay alguien que lo moldea con las manos. Carlos Arcos pertenece a una profesión tan desconocida como imprescindible: la de los escultores de automóviles. En un estudio donde la arcilla sigue teniendo más peso del que muchos imaginan, da forma a los volúmenes, las líneas y las superficies que acabarán definiendo el carácter de un vehículo. En esta conversación explica por qué la tecnología aún no ha sustituido al tacto humano, recuerda la emoción de ver circular por primera vez un coche en el que trabajó y reivindica un oficio situado a medio camino entre el arte, el diseño y la ingeniería.
Cuando alguien te pregunta a qué te dedicas y respondes que eres escultor de coches, ¿qué cara ponen?
Casi siempre de sorpresa. Es un trabajo que la mayoría de la gente desconoce y cuesta imaginar cómo puede ser el día a día de alguien que modela coches con las manos. Lo habitual es que empiecen a hacer preguntas porque intentan entender en qué consiste exactamente el oficio y cómo un bloque de arcilla acaba convirtiéndose en el diseño de un automóvil.
¿En qué momento descubriste que podías unir dos mundos aparentemente tan distintos como el arte y la automoción?
Fue durante la adolescencia. Vi un reportaje sobre el antiguo estudio de diseño que Volkswagen tenía en Sitges y me impactó muchísimo. Hasta entonces ni siquiera sabía que existía una profesión así. En cuanto terminé de verlo tuve clarísimo que quería dedicarme a aquello y empecé a orientar toda mi formación hacia ese objetivo.

¿Te sientes más artista, diseñador o ingeniero?
Siempre digo que artista. Evidentemente trabajamos dentro de un proceso industrial y colaboramos con diseñadores e ingenieros, pero la esencia de nuestro trabajo es artística. No se trata solo de construir un volumen correcto, sino de dar personalidad a un coche, de conseguir que transmita tensión, dinamismo y carácter incluso cuando está completamente parado.
Trabajamos continuamente con la luz, los reflejos y las proporciones. Una pequeña modificación en una superficie puede cambiar por completo la percepción del vehículo. Esa sensibilidad es muy difícil de conseguir únicamente delante de una pantalla.
Carlos Arcos
Modelador de coches en Seat y Cupra
Con toda la tecnología que existe hoy, ¿por qué sigue siendo necesario que alguien modele un coche con sus propias manos?
Porque al final no diseñamos un objeto virtual, sino un producto real que la gente verá, tocará y con el que convivirá durante años. Las herramientas digitales han evolucionado muchísimo y hoy son fundamentales, pero todavía hay aspectos que solo se comprenden cuando tienes el modelo delante.
La arcilla permite analizar cómo se comportan los volúmenes desde cualquier ángulo, cómo incide la luz sobre cada superficie o qué sensación transmite una línea determinada. Son matices que en una pantalla pueden pasar desapercibidos y que, sin embargo, resultan decisivos cuando el coche llega a producción.
¿Qué tiene la arcilla que no pueda ofrecer una pantalla?
Sobre todo, que te obliga a relacionarte físicamente con el objeto. Es un proceso muy sensorial. Siempre pongo el mismo ejemplo: un cocinero no da por terminado un plato sin probarlo antes. Nosotros necesitamos hacer algo parecido. Tenemos que observar el modelo desde todos los ángulos, tocar las superficies, comprobar cómo cambian los reflejos según la iluminación y verificar que el coche transmite exactamente aquello que buscábamos desde el principio. No basta con que el diseño sea técnicamente correcto. También tiene que emocionar.

¿Recuerdas el primer coche que modelaste? ¿Qué sentiste cuando lo viste convertido en un vehículo real?
Sí, fue uno de los primeros León Cupra. Participé en el modelado de los parachoques delantero y trasero y para mí fue una experiencia inolvidable. En aquel momento todo era nuevo y poder colaborar en un coche con tanta personalidad ya era un premio enorme.
Todavía hoy se me pone la piel de gallina cuando veo uno por la calle. Saber que has participado en un coche que forma parte de la vida cotidiana de tanta gente es algo difícil de explicar. Con los años, ese sentimiento no desaparece; al contrario, adquiere todavía más valor.
Carlos Arcos
Modelador de coches en Seat y Cupra
¿Cuál es el momento más mágico del proceso creativo?
Sin duda, cuando trabajas codo con codo con el diseñador. Es un diálogo constante. Él propone una idea, tú empiezas a modelarla y, casi sin darte cuenta, las formas van evolucionando de manera muy natural. Cada pequeño cambio modifica la actitud del coche y poco a poco empieza a aparecer su personalidad.
Es una fase muy intensa porque mezcla intuición, creatividad y mucha concentración. Ves cómo una idea que solo existía sobre un papel empieza a convertirse en un objeto real delante de tus manos y eso resulta muy gratificante.
¿Cuántas veces puede cambiar un coche antes de llegar a producción?
Muchísimas. Nunca hay una única propuesta. Se desarrollan diferentes alternativas, se comparan, se modifican y, cuando parece que el diseño ya está definido, todavía seguimos afinando detalles. Siempre intentamos mejorar una superficie, una transición o una proporción. El diseño es un proceso vivo que evoluciona prácticamente hasta el último momento.

Cuando trabajas sobre una maqueta, ¿qué suele generar más debate entre diseñadores y escultores?
En realidad trabajamos muy coordinados y existe una relación muy estrecha entre ambos perfiles. Las discusiones no suelen ser creativas, sino técnicas. Hay formas que sobre el papel funcionan muy bien, pero después la arcilla tiene sus propias limitaciones y obliga a reinterpretarlas. Al final siempre encontramos una solución que mantiene la intención del diseño y, al mismo tiempo, resulta viable.
Hay escultores que hablan de “liberar” la figura que está escondida dentro de un bloque de piedra. ¿Se parece tu trabajo a esa sensación?
En realidad es justo al revés. Nosotros partimos de la nada. Delante tenemos un bloque de arcilla y una idea que todavía es muy abstracta. Poco a poco empezamos a construir volúmenes hasta que esa idea adquiere una presencia real.
Es un proceso muy artístico porque no consiste solo en reproducir unas medidas. Hay que interpretar una intención. La tensión de una superficie, la proporción entre dos volúmenes o la forma en la que la luz recorre una aleta pueden cambiar completamente la personalidad de un coche. Al final intentamos convertir una emoción en un objeto real.
Carlos Arcos
Modelador de coches en Seat y Cupra
¿Qué cualidades debe tener alguien que quiera dedicarse a una profesión tan poco conocida?
Lo primero es tener sensibilidad artística, porque trabajamos continuamente con formas y proporciones. Pero también hace falta una buena visión espacial para entender cómo se relacionan los volúmenes y mucha paciencia para ir refinando cada detalle.
Después está la parte técnica. Modelar arcilla tiene sus propias herramientas, métodos y limitaciones. Con los años aprendes que el oficio consiste precisamente en encontrar el equilibrio entre creatividad y precisión. Una idea puede ser muy buena, pero también tiene que ser viable.
¿Existe alguna zona especialmente difícil de modelar?
Las líneas que recorren el lateral del coche suelen ser de las más complejas porque conectan varias superficies al mismo tiempo. Si una transición no funciona o una línea pierde continuidad, el ojo lo detecta enseguida aunque no sepa explicar por qué. Conseguir que todo fluya con naturalidad requiere muchas horas de trabajo.

Después de tantos años, ¿sigues emocionándote cuando ves terminado un coche?
Sí, muchísimo. Cada proyecto tiene detrás cientos de horas de trabajo y una enorme implicación del equipo. Cuando ves el modelo definitivo, recuerdas todo el camino recorrido, las decisiones que se tomaron y los problemas que hubo que resolver.
Hay momentos muy satisfactorios, como comprobar que una superficie refleja la luz exactamente como la imaginabas durante el modelado. Son pequeños detalles que probablemente pasen desapercibidos para la mayoría de la gente, pero que para nosotros tienen muchísimo significado.
Carlos Arcos
Modelador de coches en Seat y Cupra
¿Te ocurre alguna vez que vas por la calle, ves un coche en el que has trabajado y piensas: “yo ayudé a crear eso”?
Sí, y sigue siendo una sensación muy especial. Reconozco enseguida las zonas en las que participé y, de alguna manera, vuelvo mentalmente al estudio. Casi puedo recordar el movimiento de las herramientas sobre la arcilla y el gesto de las manos mientras daba forma a aquellas superficies.
Es curioso porque para la mayoría de la gente ese coche es simplemente un coche más, pero para mí también es el recuerdo de todo un proceso creativo. Es imposible no sentir un cierto orgullo cuando lo ves circulando.
¿Hay algún modelo del que te sientas especialmente orgulloso?
Diría que el CUPRA Raval. He tenido la suerte de vivir prácticamente todo su desarrollo, desde el primer showcar hasta el modelo de producción. Eso hace que el vínculo con el proyecto sea mucho más fuerte.
Además, fue un reto importante. Había que conservar toda la personalidad del prototipo y adaptarla a las exigencias de un coche que iba a fabricarse en serie. Fue necesario revisar muchas superficies, ajustar proporciones y encontrar soluciones técnicas sin perder el carácter del diseño original. Creo que el resultado mantiene muy bien esa esencia.

¿Cuál ha sido el mayor reto de tu profesión?
Más que un proyecto concreto, diría que la presión por alcanzar el máximo nivel de calidad dentro de unos plazos muy exigentes. En diseño siempre piensas que todavía puedes mejorar una superficie o afinar un detalle, pero llega un momento en el que hay que tomar decisiones. Encontrar ese equilibrio es probablemente una de las partes más difíciles del oficio.
La inteligencia artificial está transformando el diseño. ¿Crees que algún día podrá sustituir el trabajo de un escultor de coches?
No lo creo. Será una herramienta cada vez más potente y nos ayudará a trabajar con más rapidez, igual que lo hicieron en su momento el modelado digital o las nuevas tecnologías de fresado. Pero nuestro trabajo no consiste solo en ejecutar formas.
Gran parte de lo que hacemos nace de la intuición, de la experiencia y de la sensibilidad para interpretar un volumen. Hay decisiones que tienen mucho que ver con las emociones y con la manera en que una persona percibe un objeto. Esa parte sigue siendo profundamente humana.
Carlos Arcos
Modelador de coches en Seat y Cupra
¿Cómo imaginas los automóviles dentro de veinte años? ¿Y cómo cambiará tu profesión?
Los procesos seguirán evolucionando y habrá cada vez más automatización en las tareas repetitivas. Eso nos permitirá dedicar más tiempo a la parte realmente creativa. Los coches también serán mucho más tecnológicos, pero creo que seguirá existiendo una necesidad básica: que emocionen.
Mientras un automóvil tenga que despertar sensaciones en quien lo mira o lo conduce, hará falta alguien capaz de interpretar esas emociones y trasladarlas a una forma. Las herramientas cambiarán, pero la esencia del oficio seguirá siendo la misma.
Si pudieras modelar el coche perfecto sin ninguna limitación técnica ni económica, ¿cómo sería?
Probablemente un superdeportivo. Es el tipo de coche que ofrece más libertad para experimentar con las proporciones y las superficies. Ahí el diseño se acerca mucho más a la escultura porque puedes llevar las formas al límite y trabajar casi sin concesiones. Para un escultor de automóviles es, seguramente, el terreno donde arte y automoción se encuentran de la manera más pura.