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¿Cuántos años tiene? ¿A qué se dedica?
56 años. Estoy jubilado, soy pensionista.
Fue trabajador de TMB, del metro de Barcelona.
Entré con 20 años y con 50 tuve un accidente de moto, estuve de baja hasta los 55, cuando me jubilé.
30 años trabajando en el metro. ¿En qué labores?
Pasé por muchas categorías. Empecé de jefe de tren, una figura que antes iba en los vagones. Nos asomábamos, pitábamos y dábamos vía libre al conductor para arrancar. Llegó un momento en que esa figura desapareció y el conductor se ocupaba de todo. Ascendí a motorista en el 96.
¿O sea que empezó a conducir metros con 26 años?
No, empecé con dos años, con mi padre. Con dos años había llevado un tren, como mi hija, con dos años también.
"Mi padre fue conductor, luego inspector, inspector jefe, supervisor. Y con 51 años lo mataron. Lo atropelló un conductor borracho, un repartidor de prensa"
Porque su padre era conductor de metro.
Mi padre fue conductor, luego inspector, inspector jefe, supervisor. Y con 51 años lo mataron. Lo atropelló un conductor borracho. Supe que era repartidor de prensa, y no me dieron el atestado de la Guardia Urbana. Intenté averiguar quien era para matarlo, directamente. Me quitaron a mi mejor amigo, mi padre. Me había ayudado mucho. Cuando fui al hospital y me dieron la ropa, el anillo, me lie a dar puñetazos a la pared, me rompí tres dedos, me saqué el codo, me disloqué la muñeca. Imagina si es la cabeza del tío este. Yo tenía 23 años y en esa época era una bestia. Jugaba a fútbol americano. Ahora, en frío, pienso que aquel guardia urbano que no me dio el atestado fue inteligente.

Tatuaje en el brazo de Javier García, que resume lo trágico de su experiencia: una bola de billar con un ocho, un vagón de metro, un cementerio. / Jordi Otix / EPC
En todo este contexto tuvo que seguir con tu vida.
Pasé de jefe de tren a jefe de estación de segunda. Me pusieron a vender billetes. Pero habilitado como conductor: cuando faltaba un conductor te llamaban para conducir. Y luego ascendí a motorista, conductor.
¿Cómo es conducir un tren del metro?
Para mí, como un orgasmo. Era mi mayor placer. Entré en el metro para conducir, yo no quería vender billetes. Era mi pasión. La primera vez que conduje oficialmente un tren, no extraoficial, fue como un orgasmo. Yo disfrutaba. Conduje hasta el 2013, cuando tuve el último suicidio.
¿Cuándo fue el primero?
Una niña de 16 años. Yo llevaba unos meses en la empresa. Debió de ser en 1991. Mi padre estaba de vacaciones en Granada y me presenté por sorpresa. Me habían dado la baja.
¿Él como conductor tuvo algún caso de que se le intentara suicidar alguien tirándose bajo su tren?
Creo que tuvo un caso. Tampoco recuerdo si me lo dijo él o me lo contaron en la empresa. Yo solo trabajé con mi padre tres años, hasta que le mataron. Perdí a mi padre y a mi jefe.

García, en el exterior de la estación de Guinardó-Hospital de Sant Pau. / Jordi Otix / EPC
Hasta hace nada, hemos ocultado los suicidios en el metro.
La palabra suicidio era un tabú, no se podía ni mencionar. Decían por megafonía que el metro estaba parado “por causas ajenas a la empresa”. Yo siempre he dicho que hay que contar lo que es.
No se conoce el caso de otro conductor al que se le hayan tirado ocho personas a la vía. Aunque en realidad fueron 10.
He tenido ocho atropellos y dos casos en los que conseguí parar el tren: uno que discutía en el andén con la novia, al final de la estación, y saltó cómo diciéndole que se mataba. ‘No pares, cabrón’, me decía. Abrí la puerta para saltar yo a la vía a por él y se fue por el andén. El otro estaba cogiendo algo en la vía, algo que se le cayó, y como estaba lejos me dio tiempo a parar.
"La primera vez fue una niña de 16 años, se tiró contra el cristal: si no hay cristal me da en la cabeza. Se tiró con las manos atrás. En comisaría me dijeron que llevaba en el pantalón una carta pidiendo disculpas a su padre por ser mala estudiante"
En los otros ocho casos, no pudiste evitarlo.
Los que me más me impactaron fueron la primera vez y la última. La primera, la niña de 16 años, se tiró contra el cristal: si no hay cristal me da en la cabeza. Se tiró con las manos atrás. Venía corriendo por el andén y a nuestra altura se tiró. Yo era jefe de tren y en ese momento iba con el conductor en la cabina. Entonces teníamos que desalojar el tren, esperar a que viniera el juez a levantar el cadáver, luego esto cambió y dieron potestad a los bomberos para agilizar y no tener la línea parada. Y después teníamos que ir a comisaría a declarar. Allí me dijeron que la niña llevaba en el pantalón una carta pidiendo disculpas a su padre por ser mala estudiante. Después he entrado en el tema de los suicidios, he ido a dar charlas, creo que cuando uno tiene un problema hay que hablarlo. Siempre habrá alguien que te dirá 'busquemos una solución'. Di charlas en Cádiz, en Huelva, en Sevilla, en Toledo. La gente daba las gracias. Una mujer me dijo que quizá no había sabido escuchar a su hijo.
¿Y el último?
Es el que me dejó tocado. Porque cuando tienes un suicidio te vas de baja y vuelves con mucho miedo. La última imagen que tuviste en el trabajo fue la de una persona tirándose al tren. La primera entrada a un andén: piensas que todo el que ves que asoma va a saltar. Tu última imagen fue un arrollamiento, que es la palabra técnica. Eso lo vas superando y coges el tren. En 2013 tengo un suicidio en diciembre, una persona que se tira contra mi, y me voy 13 días de baja. Vuelvo, cojo el tren en La Pau y entrando en Barceloneta veo a un señor mayor que baja, se pone de rodillas y pone la cabeza en la vía. Vienes a 45 kilómetros por hora. Frené y frené, pero pasé coche y medio por encima.
Una de las cosas que ha explicado usted en estos años es que tirarse al metro es garantía de dolor pero ni siquiera lo es de morir: mucha gente queda malherida y sobrevive. ¿De los ocho que se le tiraron, sabe cuántos sobrevivieron?
Es que no te dan datos. Y tampoco vas a ir al hospital. Seguro murieron la chica, el último y uno que se quedó clavado en la barra del tren stop, el mecanismo que baja y detiene el tren, o así funcionaba antes. A los demás sé que se los llevaron, destrozados. Intentar suicidarte en el metro no supone una muerte segura. Mi tío, también motorista del metro, tuvo el caso de un hombre que se tiró y el tren le cortó una pierna: la estuvieron buscando un buen tiempo.
"El último es el que me dejó tocado. Venía de 13 días de baja por otro suicidio. Vuelvo, cojo el tren en La Pau y entrando en Barceloneta veo a un señor mayor que baja, se pone de rodillas y pone la cabeza en la vía. Frené y frené, pero pasé coche y medio por encima"
Es frecuente encontrar a conductores que hayan tenido arrollamientos.
Hay algunos que no han tenido ninguno, pero lo normal es que un conductor de metro sufra un arrollamiento, un suicidio, o dos en su vida laboral. El 85% ha pasado por un suicidio. Son muchas horas allí abajo.
TMB dio datos por primera vez en 2023: 126 atropellos en el metro de Barcelona en cuatro años, desde 2019, de los que un 90% fueron intentos de suicidio y en los que la persona sobrevivió en más del 70% de casos. En septiembre, la empresa colocó carteles para los suicidas potenciales con el Teléfono de prevención del Suicidio (900925555061) y otros para testigos de estas situaciones. ¿Cómo ve ese cambio de política? El metro, como los medios de comunicación, no hablaba de los suicidios con el argumento de que eso podía provocar un efecto de imitación.
Para mí, que pongan carteles es información. Y desde mi punto de vista, sería información avisar de que tirarse al metro no es una muerte segura, de que te puede causar un gran sufrimiento.

Uno de los carteles colocados en septiembre pasado en 11 estaciones del metro de Barcelona para prevenir el suicidio. / Jordi Otix / EPC
¿Qué hemos ganado con tanto tiempo sin hablar del tema?
Cuando yo decía que se tenía que dar información me dieron a entender que eso incentivaría que la gente se quitara la vida en el metro. Lo veo un gran error. Y se sigue hablando muy poco de los suicidios. Y no en el metro, en el mundo. Nadie imagina cuántos niños se quitan la vida. Problemas de acoso, de amoríos tempranos.
"Acabé atormentado. No dormía, no descansaba. Oía voces que me decían: ‘vente con nosotros, entra en el túnel, te estamos esperando’. Y yo me decía: ¿son las personas que he atropellado?"
Todos los casos que sufrió en el metro le afectaron mucho: al final se intentó suicidar.
Sí. Acabé atormentado. No dormía, no descansaba. Oía voces que me decían: ‘vente con nosotros, entra en el túnel, te estamos esperando’. Y yo me decía: ¿son las personas que he atropellado? Hubo un momento en que estaba en casa empastillado, me engordé hasta los 162 kilos. Me operaron del estómago. Ahora estoy en 102, 104.
Y ya no condujo más trenes.
No. Estuve de baja, con psicólogos, psiquiatras. Como terapia me hacían bajar al metro. Era montarme en el tren y me temblaba todo. Ahora esto lo he superado.

El exconductor de metro, en un vagón, el pasado martes. / Jordi Otix / EPC
¿Va en metro?
No, voy siempre en moto. Si voy en metro es algo muy puntual. La última vez fue en diciembre, fui a pasar la Navidad con mi hija a Roma, y del aeropuerto a casa lo cogí. A mí mi trabajo me encantaba. Si entraba a las ocho, a las siete ya estaba allí. Nunca llegué tarde. Una vez, porque pinché la rueda. Mi padre me inculcó que si llegabas tarde el que estaba llevando el tren tenía que seguir, y perjudicabas a un compañero.
"Intentar suicidarte en el metro no supone una muerte segura. Mi tío, también motorista del metro, tuvo el caso de un hombre que se tiró y el tren le cortó una pierna: la estuvieron buscando un buen tiempo"
¿Qué hizo cuando dejó de conducir?
Tras el último atropellamiento, estuve de baja hasta 2015. Luego me ofrecieron el que fue mi último puesto de trabajo: control por sorpresa de alcoholemia de empleados de la empresa. Y luego también de drogas. Y hasta 2020, cuando tuve el accidente de la moto. Primero me dolió pasar de ser un compañero más a ser el que te hace un control de alcoholemia que puede acabar con una sanción. Pero lo fui aceptando, y pensando que a mi padre lo mató una persona que iba muy borracha. Parecía que el destino me había puesto a controlar esto. Si hay algo que me jode es ver a alguien borracho coger un coche. Es como salir con una pistola y una venda en los ojos y empezar a disparar.
El Ministerio de Sanidad ofrece a la ciudadanía la Línea 024, un servicio de atención telefónica para personas con pensamientos suicidas, ideaciones o riesgo de conducta suicida, así como para sus familiares y allegados. Este servicio es confidencial, gratuito y está disponible las 24 horas del día, los 365 días del año.
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