La romería de Alpe dHuez se hace en bici: miles y miles de peregrinos vestidos de ciclista como si se encontrasen en un mismo camino hacia Santiago; todos sentados en el sillín cuando burlan la vigilancia del gendarme, el que los hace subir a pie. Se giran, ven que el agente no los mira y se vuelven a montar, a pedalear lentamente buscando la ruta de la cima entre coches acreditados que ascienden a la estación de esquí y unos cuantos inconscientes que bajan -y nunca mejor dicho- a tumba abierta.Leer la noticia completa
La romería de Alpe d’Huez se hace en bici: miles y miles de peregrinos vestidos de ciclista como si se encontrasen en un mismo camino hacia Santiago; todos sentados en el sillín cuando burlan la vigilancia del gendarme, el que los hace subir a pie. Se giran, ven que el agente no los mira y se vuelven a montar, a pedalear lentamente buscando la ruta de la cima entre coches acreditados que ascienden a la estación de esquí y unos cuantos inconscientes que bajan -y nunca mejor dicho- a tumba abierta.
De vez en cuando pasa una ambulancia de los bomberos, que en Francia son los responsables a la hora de evacuar heridos. Desciende hacia una especie de pequeños hospitales de campaña donde siempre atienden, si los casos no son graves, a los que se dan un trompazo en la ruta hacia Alpe d’Huez. Es inevitable en un día especial donde nunca falla algún irresponsable para enturbiar la fiesta.
Curvas por paísesEn cada curva los aficionados se van situando por nacionalidades, cada vez más países que muestran sus enseñas para que se les vea. Este año hasta había curva española, con muchas casacas rojas porque aún están recientes los éxitos del fútbol.
Por años que pasen la curva de los holandeses es la que más destaca. Van vestidos de naranja y con cervezas en la mano, horas y horas así, por lo que el ambiente cuando pasan los corredores profesionales ya está humedecido a tope con tanto líquido bebido. Es el viraje número 7, como siete son los ciclistas neerlandeses -seis hombres y una mujer- que han triunfado en la cumbre de Alpe d’Huez. Allí se forma un embotellamiento monumental porque van parando todas las televisiones acreditadas en el Tour a tomar imágenes de los representantes de los Países Bajos, con la música y las alegrías.
Una locuraAlpe d’Huez es una locura, mucha más gente que otras veces, quizá no se había visto tanto público desde la famosa cronoescalada de 2004 que ganó Lance Armstrong, luego, como tantos otros títulos, borrada de su palmarés. Se habló por aquel entonces de un millón de aficionados. Y se supo semanas después que unas motos con agentes especiales de la Gendarmería protegieron al estadounidense durante el ascenso porque había una amenaza seria de atentado contra él. Por fortuna, no ocurrió nada salvo otra exhibición del tejano, otro viaje sin recompensa eterna del corredor estadounidense.
A Alpe d’Huez hay quien sube andando porque en coche se tarda más que a la velocidad a la que pasan los corredores del Tour. ¿Cómo puede caber tanta gente en una montaña? Los hoteles se agotaron hace meses y salvo alguna anulación de última hora con habitaciones que se pagan a precio de oro nada queda en la estación de esquí. Muchos duermen en el coche. Otros montan tiendas si encuentran un mínimo espacio. Localizarlo resulta casi siempre un milagro en la romería que conduce hacia la cumbre de las 21 curvas (todas ellas con el nombre de un vencedor de etapa) más famosas del mundo ciclista.
Fuente: El Periódico