Llegan las lluvias y las tormentas y toda esta basura del "botellón" de Xàbia acabará en el mar, "que es el morir" (verso manriqueño). Pero el mar no es el morir, sino que es la vida. Lo que es el morir es esta basura que contamina el río Gorgos. Hay un cartel que denuncia la "basuraleza". Pero no sirve de mucho. Los residuos, sobre todo mucho plástico, terminan en el río. Este tramo fluvial está junto al aparcamiento frente a una conocida discoteca que en las madrugadas del verano se convierte en un bullanguero "botellódromo". La barandilla de madera que separa la calle del río está rota. Los servicios municipales de limpieza se afanan en borrar el sucio rastro del botellón. Pero la basura llega al río y allí se queda.
Llegan las lluvias y las tormentas y toda esta basura del "botellón" de Xàbia acabará en el mar, "que es el morir" (verso manriqueño). Pero el mar no es el morir, sino que es la vida. Lo que es el morir es esta basura que contamina el río Gorgos. Hay un cartel que denuncia la "basuraleza". Pero no sirve de mucho. Los residuos, sobre todo mucho plástico, terminan en el río. Este tramo fluvial está junto al aparcamiento frente a una conocida discoteca que en las madrugadas del verano se convierte en un bullanguero "botellódromo". La barandilla de madera que separa la calle del río está rota. Los servicios municipales de limpieza se afanan en borrar el sucio rastro del botellón. Pero la basura llega al río y allí se queda.

Un sintecho vive debajo del puente del río, cerca del "botellódromo" donde los jóvenes apuran la fiesta / A. P. F.
Ahora que las lluvias están al caer el río recogerá el agua de los barrancos. Si la crecida es medianamente importante, esta basura se la llevará la corriente y acabará en el mar (la desembocadura está a un kilómetro).
Un sintecho acampa bajo el puenteMientras en este aparcamiento transformado en "botellódromo" los jóvenes apuran la fiesta y ven despuntar el día, a pocos metros, bajo el puente del Gorgos, vive un sintecho. Si baja el río, tendrá que salir por piernas. Sus pocas pertenencias (una precaria tienda de campaña) acabarán arrastradas por el agua. También tiene aquí una pequeña barbacoa. Es un peligro. Una chispa puede desencadenar un incendio en el lecho del río, donde hay bastante maleza y, curso abajo, eucaliptos de gran porte.
El mar no es el morir. Lo es esta basura que, si la arrastra el río y sale por la desembocadura del Gorgos, llegará a un tramo de costa, el del Primer Muntanyar, de aguas cristalinas, pero en el que ya aparecen de vez en cuando (tras las lluvias y los temporales) residuos tan asquerosos como las toallitas húmedas que se siguen tirando al retrete y cuyos tejidos fibrosos forman tapones en el alcantarillado.
Fuente: Levante - EMV