La investigación revela que la intensidad del ejercicio condiciona la respuesta molecular del organismo y que unos pocos minutos de esfuerzo elevado pueden producir cambios especialmente amplios en la sangre
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La actividad física sigue siendo uno de los grandes retos de salud pública. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor del 31% de los adultos en el mundo no alcanza los niveles recomendados de actividad física, una proporción que podría llegar al 35% en 2030 si se mantiene la tendencia actual.
Sin embargo, cuando se trata de obtener beneficios del ejercicio, el tiempo dedicado a entrenar podría no ser el único factor importante. La intensidad con la que nos movemos también parece determinar buena parte de la respuesta que se produce en el organismo, incluso cuando el esfuerzo dura apenas unos minutos.
Así lo apunta una investigación realizada por científicos estadounidenses y publicada en la revista Cell Reports Medicine. El trabajo analizó qué ocurre en la sangre después de realizar ejercicio a diferentes intensidades y encontró diferencias importantes entre una actividad breve y exigente y otra mucho más prolongada pero moderada.

Para comprobarlo, los investigadores sometieron a los participantes a diferentes tipos de ejercicio. Una de las pruebas consistió en realizar seis esprints de 30 segundos en bicicleta a máxima intensidad, lo que supone un total de tres minutos de esfuerzo intenso.
Los resultados mostraron que este ejercicio breve fue suficiente para modificar inmediatamente casi una cuarta parte de las proteínas analizadas en la sangre. También provocó cambios en más de 200 metabolitos y aumentó la presencia de proteínas relacionadas con procesos como el crecimiento de los vasos sanguíneos, la remodelación de los tejidos y la señalización hormonal.
Detrás de esta respuesta se encuentran las denominadas exerquinas, un conjunto de proteínas y metabolitos que se liberan en el torrente sanguíneo como respuesta al ejercicio. El estudio apunta a que estas moléculas son especialmente sensibles a la intensidad con la que se realiza la actividad física.
Tres minutos intensos frente a 90 moderadosLas diferencias aparecieron al comparar estos resultados con los obtenidos después de 90 minutos de ciclismo continuo a intensidad moderada. A pesar de durar mucho más tiempo, esta actividad modificó un número considerablemente menor de proteínas.
La respuesta tampoco fue igual de rápida. Mientras que los cambios provocados por los esprints aparecieron inmediatamente, después del ejercicio moderado hubo que esperar hasta tres horas para detectar un aumento significativo de determinados ácidos grasos y proteínas procedentes del hígado relacionados con las exigencias del ejercicio de resistencia.

El equipo quiso comprobar además si las proteínas que respondían al ejercicio podían guardar alguna relación con la salud a largo plazo. Para ello, comparó sus resultados con los datos de más de 53.000 participantes del Biobanco del Reino Unido.
Muchas de las proteínas identificadas estaban asociadas con un menor riesgo de enfermedades cardiovasculares y metabólicas. La diferencia volvió a ser especialmente marcada al analizar aquellas relacionadas con un menor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos.
De las 33 proteínas asociadas con un menor riesgo, 32 habían respondido al ejercicio intenso, mientras que únicamente tres se habían visto modificadas por la actividad moderada. Más de una cuarta parte de estas proteínas también estaban relacionadas con un envejecimiento biológico más lento.
Una respuesta que puede mantenerse en el tiempoLuke Olsen, investigador de la Universidad Rockefeller y uno de los autores del estudio, destaca que uno de los aspectos más llamativos es que los efectos del ejercicio intenso no se limitaron al momento inmediatamente posterior al esfuerzo. Según explica, la respuesta observada seguía presente ocho semanas después, lo que apunta a que se trata de una característica propia de este tipo de ejercicio.
Más allá de estos resultados, mantener una rutina de actividad física continúa siendo fundamental para cuidar la salud. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a los adultos realizar semanalmente entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica moderada o entre 75 y 150 minutos de actividad intensa, además de incorporar ejercicios de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana.