En los últimos 20 años ha escrito casi todas sus novelas en Mallorca. ¿Le resulta fácil encontrar la inspiración en una isla tan masificada como la nuestra?
En los últimos 20 años ha escrito casi todas sus novelas en Mallorca. ¿Le resulta fácil encontrar la inspiración en una isla tan masificada como la nuestra?
Llegué a Mallorca desde Italia por primera vez hace más de medio siglo, a los ocho años, de vacaciones con mis padres. Esta isla se convirtió en mi primera ventana sobre el mundo, con la posibilidad de conocer personas de otras culturas: la local -mallorquines, gente que venía de la península y luego de Latinoamérica- y la de los visitantes extranjeros; y de aprender algo de otros idiomas, en una época en que aquí el turismo era muy internacional, pero no “de ricos”, sino de mentes abiertas. Escuché muchas historias reales que acabaron en mis novelas. Y hoy prefiero trabajar aquí, frente a una ventana sobre la bahía o a una mesa de un bar frente al mar, que en mi ciudad, Milán, donde mi oficina se encuentra en un subterráneo. El horizonte más amplio me ayuda a mirar más allá.
¿Qué le seduce de la ‘ciudad del vicio’: Magaluf?
Del “vicio”… solo que es buen material para la novela negra: algunas cosas de Magaluf y de Mallorca de los años 2013-2016, la época de la trilogía del detective Toni ‘Black’ Porcell -de la que pronto van a salir en español a través de Amazon los dos libros siguientes- sirven para sacar a la luz problemas que no son solo de este lugar y aquellos años, desde la explotación en el mercado del trabajo hasta la posible infiltración de organizaciones criminales.
¿Se puede vivir al lado de la calle Punta Ballena sin caer en la locura?
Magaluf cambió mucho desde los años de la trilogía, pero la calle Punta Ballena sigue siendo molesta, cuando se necesita dormir con las ventanas abiertas. Jóvenes británicos borrachos siguen gritando sin razón en el silencio, quizás porque piensan que sea un rito de paso para la edad adulta. Pero los prefiero a los jóvenes italianos que la otra noche, a las 4.15 de la madrugada, empezaron a corear «¡Duce! ¡Duce! ¡Duce!...» evocando a Mussolini, cuyos legionarios hace 90 años invadieron esta isla y ayudaron a matar a miles de personas. Pero los italianos no lo saben, como muchas otras cosas de nuestra historia.
¿Qué opinión le merece la reforma del paseo marítimo de Magaluf?
Me parece bien, porque algunas zonas solían inundarse durante las fuertes tormentas. Lo que me duele es la cicatriz oscura sobre el edificio de al lado, que me recuerda el incendio del 11 de junio, sus dos víctimas mortales y la situación de los residentes. Y me molestó que en la prensa alguien insinuó que las víctimas -ahogadas por el humo- eran "borrachos", simplemente por vivir cerca de la calle Punta Ballena, como si el incendio fuera una punición de Dios.
Su ciclo ‘Kverse’, el universo en el que se entrelazan las vidas y las aventuras de muchos de sus personajes, supera ya los 30 títulos. ¿Sobre qué pilares se sustenta ese mundo literario?
Uno es el de la crítica social, presente en la trilogía de ‘Black’ y a veces en la serie de Carlo Medina, asesino a sueldo en Milán en los 1990-2000. El otro pilar es mi trabajo sobre la geopolítica: en mis novelas de espionaje cuento una historia invisible de los últimos 30 años, llegando incluso a revelar hechos reales antes que sean públicos y hasta a anticiparlos: como el peligro de ISIS, fenómeno que empecé a seguir en 2013 cuando nadie lo conocía, o los hechos en Washington de enero de 2021 que presagié en una novela escrita en 2020. El año pasado prefiguré un cambio de hombres al poder en Irán sin cambio de régimen, con la intervención de EEUU e Israel. Algunos periodistas en Italia hablan de “profecías”, pero simplemente es análisis de la realidad.
Mallorca ha dado algunos grandes autores de novela negra. ¿Qué relación mantiene usted con los escritores de esta isla?
En realidad, el único escritor de aquí que sigo y ya se ha convertido en amigo es Manuel Aguilera Povedano, investigador de la historia de la Guerra Civil: los secretos que sacó a la luz en su libro El oro de Mussolini me llevaron a formular la hipótesis de conexiones con el terrorismo italiano de extrema derecha en los años setenta, e incluso con posibles complots de nuestra propia época.
“Los turistas son los que dan de comer a esta isla”, piensa Toni Porcell, el personaje protagonista de ‘Black Zero’. ¿Usted piensa igual?
La perspectiva de Toni es la del niño que veía a su madre vender ropa en una tienda en los 80-90 y del chico que después trabajaba como dj en un hotel: vivía de un turismo civilizado que duraba todo el año. Después Magaluf se convirtió en un sitio de borracheras británicas de verano -que ni se puede llamar turismo- y de desierto en el invierno. Además llegaron la crisis global y el atentado de ETA en Palmanova, y muchos como él se encontraron sin trabajo. Cualquier sitio turístico vive del turismo, pero muere ahogado con el turismo de masas, especialmente si no queda rasgo de civilización y de respeto. Pero el “turismo” en sí mismo no es el Gran Satán. Al fin y al cabo, yo mismo llegué aquí como turista. No tengo coche, no contamino y cumplo con la recogida selectiva de residuos.

El escritor Andrea Carlo Cappi, con su libro 'Black Zero' / Ana Belén Muñoz
¿Qué opinión le merecen las protestas contra el modelo turístico que últimamente se están multiplicando en Mallorca?
Entiendo perfectamente el problema de la masificación, en Mallorca como en otros sitios: por ejemplo, en mi país, Venecia, y a veces mi misma ciudad, Milán. Llega un momento en que el turismo descontrolado no solo impide vivir en un sitio, incluso llega a dañarlo. Hay una cala por aquí que me gustaba mucho, donde iba a pie dos o tres veces cada año, sin revelar a nadie cómo llegar, porque esa me parecía la voluntad de los mallorquines. Hasta que hace algunos años, al acercarme, me pareció que ya estaba “masificada” y me di la vuelta. Pero cada discurso que implique que cualquier “extranjero” sea un “enemigo” no me gusta. Bien lo sabe Toni Black, que por haber nacido negro en Mallorca en 1979 siempre fue visto como un “extranjero” y un posible criminal.
¿Qué define a un personaje como Toni Black?
Su ética. Su deseo de justicia en la vida de cada día. Ya no es una víctima, pero entiende quien podría llegar a serlo. Es una referencia existencial para mí también. Me digo a mi mismo: “Toni Black no miraría hacia otro lado”.
Toni Porcell practica la telepatía. ‘Cásate conmigo, cásate conmigo…’, piensa en cuanto ve a Desirée, la chica que presenta las noticias deportivas en el Telediario. ¿No estará usted burlándose de nuestro rey Felipe VI?
Claro que no. Da la casualidad de que, cuando era muy joven, Toni vio a don Felipe de cerca en Barcelona (lo cuenta en el libro siguiente). Lo reconoció por su parecido con la figura de los billetes de 10.000 pesetas que solía ver en la caja registradora de su madre y el príncipe le causó una buena impresión. Así que Toni no tiene nada contra el rey. Pero puedo asegurar que, tras sus fallidos intentos telepáticos con la periodista Desirée Ndjambo León, Toni abandonó esos experimentos. Y durante un tiempo estuvo enamorado de la meteoróloga Mónica López, por la habilidad de ella de no esconder Baleares cuando se mueve frente al mapa.
La suya fue una vocación muy temprana: con solo 6 años ya quería ser escritor. ¿Qué le arrojó a la novela negra?
Fue culpa de las películas de Alfred Hitchcock y James Bond, de las novelas de aventura del italiano Emilio Salgari (del que escritores como Paco Ignacio Taibo II y Juan Madrid aprendieron mucho) y de los cómics del criminal Diabolik, personaje sobre quien en 2002 llegué a trabajar como novelista.
¿Qué temática reconoce como recurrente en su producción literaria?
El intento de revelar al público lo que veo en la realidad y que muchos en estos tiempos parecen ignorar, dejándose llevar por la propaganda y los bulos en las redes sociales.
Se dice que un poeta debe estar años antes de publicar un primer poemario. ¿Piensa lo mismo de un novelista?
Es posible. Puedo decir que yo llegué a escribir para el público a los 26 años y que al mismo tiempo seguí aprendiendo mucho de mi trabajo paralelo como traductor al italiano de inglés y español.
Uno de los primeros autores de novela negra española que usted leyó fue Manuel Vázquez Montalbán. ¿Qué le cautivaba del padre de Pepe Carvalho?
Su compromiso, su ironía amarga y su visión del valor de los héroes derrotados.
“En tiempos de crisis de certezas y dogmas, ¿qué sería de nosotros sin las metáforas y sin los vicios?”, defendía Vázquez Montalbán.
La misma novela negra es la metáfora de la lucha para sobrevivir a las contradicciones de una sociedad, nacional o internacional, y también representa el vicio de escribir para un público "popular", no de estetas privilegiados.
Usted también ha estado al frente de una editorial, en Italia, entre 2004 y 2008. ¿Qué aprendió de aquella aventura?
Que hay que tener mucho cuidado con los socios: el hombre que ponía el dinero era al principio un escritor brillante y comprometido, y juntos llegamos a crear una editorial que parecía mucho más grande de lo que era, llevando al público italiano autores estadounidenses como Richard Stark y Stuart M. Kaminsky, españoles como Andreu Martín, Juan Madrid y Pedro Casals, italianos como Claudia Salvatori, Stefano Di Marino y otros aún desconocidos. Pero, como en la historia de Pinocho, mi socio se dejó engañar por el Gato y el Zorro, que le prometieron más éxito y riquezas, y al final le robaron todo, acabando con la editorial.
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