La caída del pelaje aumenta en determinadas épocas del año, pero la aparición de calvas, picores, heridas o cambios en la piel puede indicar que detrás existe una alteración que necesita atención veterinaria
La llegada de la primavera y el otoño suele traer una consecuencia poco apreciada por quienes conviven con animales, una mayor cantidad de pelo en el sofá, o en cualquier parte de la casa. Sin embargo, para perros y gatos este proceso forma parte de su ciclo natural. Como explican los expertos de IM Veterinaria, el problema aparece cuando la caída deja de responder a un patrón habitual y empieza a acompañarse de alteraciones en la piel.
En este sentido, es importante saber que no todos los animales afrontan la muda de la misma manera. Los perros con doble capa, como los huskies o los pastores alemanes, pueden desprender grandes cantidades de pelo durante estos periodos. Por otro lado, en los gatos la caída también puede ser especialmente evidente cuando tienen un pelaje largo. Por lo tanto, encontrar más pelo de lo habitual en casa durante estas épocas no debe de significar una señal de alarma.
La muda estacional es un proceso normal en perros y gatos, aunque su intensidad varía según la raza, el tipo de pelo y las condiciones en las que vive cada animalNo solo eso, sino que también influye el entorno en el que vive la mascota. Los perros y gatos que permanecen habitualmente en interiores están expuestos durante todo el año a fuentes de calor, aire acondicionado y luz artificial. Estas condiciones pueden alterar el patrón estacional y hacer que el animal pierda pelo de manera más continuada. En estos casos, resulta más útil observar el aspecto de la piel y el comportamiento del animal que intentar determinar si está perdiendo demasiado pelo.

Una muda normal debería producir una renovación progresiva del manto sin provocar lesiones visibles. Por eso, la aparición de calvas o zonas claramente despobladas es uno de los primeros motivos para prestar atención. También conviene vigilar si existen áreas en las que el pelo se cae de manera localizada, especialmente cuando el animal comienza a rascarse, lamerse o morderse con mayor frecuencia.
Las zonas sin pelo, el enrojecimiento, las costras o un rascado y lamido excesivos son algunas de las señales que pueden diferenciar una muda, de un problema dermatológicoNo solo eso, sino que el estado de la piel ofrece otras pistas importantes. Enrojecimiento, descamación, costras, heridas, inflamación o cambios llamativos en su aspecto pueden estar relacionados con diferentes problemas de la piel. Un animal que se rasca constantemente en una zona también puede estar manifestando molestias que no deberían atribuirse simplemente a la muda.
Las causas de una pérdida anormal de pelo son variadas y no siempre resultan evidentes a simple vista. Los parásitos externos, las alergias, infecciones y algunas enfermedades dermatológicas pueden alterar el ciclo normal del pelo. A su vez, el estrés también puede influir en el comportamiento de acicalamiento y provocar que algunos animales se laman de forma excesiva, afectando a la propia piel.

Por otro lado, el cepillado puede convertirse en una herramienta útil para controlar la muda y al mismo tiempo, detectar cambios. Retirar el pelo muerto de forma regular, ayuda a mantener el manto limpio y permite comprobar si hay zonas con menos densidad, irritaciones o lesiones. La frecuencia y el tipo de cepillo deben adaptarse a cada animal, ya que no se necesitan los mismos cuidados en un gato de pelo largo, que en un perro de pelo corto.
Además, en los gatos el cepillado tiene una función extra. Durante sus sesiones de acicalamiento pueden ingerir parte del pelo que se desprende de su cuerpo. Retirar una mayor cantidad de pelo muerto con el cepillado reduce la cantidad que pueden acabar tragando. Aun así, el cuidado debe realizarse sin ejercer una presión excesiva, ni utilizar herramientas que puedan dañar la piel.
Cabe destacar, que la alimentación y la higiene también tienen influencia sobre el estado del pelaje. Una dieta completa y equilibrada aporta los nutrientes necesarios para mantener una piel y un pelo saludables, mientras que los productos de higiene deben estar específicamente formulados para mascotas. Un pelo frágil, apagado o que se desprende constantemente puede ser consecuencia de un problema que requiere otro tipo de intervención.
Así pues, ante una caída de pelo que no parece corresponder con la muda habitual, la recomendación pasa por consultar con un veterinario, especialmente si existen lesiones, picor, calvas o cambios en el comportamiento. El objetivo no es solo recuperar el aspecto del pelaje, sino determinar qué está provocando esa alteración.