“Se ha vuelto más vago”. Es una explicación bastante habitual cuando un perro deja de subir al sofá, pierde interés por un paseo que antes esperaba con ganas o necesita más tiempo para levantarse. Si el cambio llega poco a poco y el animal continúa comiendo, durmiendo y haciendo su vida con normalidad, es fácil pensar que simplemente se está haciendo mayor o que ha cambiado su carácter. Sin embargo, detrás de esa aparente falta de ganas puede haber dolor.
Cristina Fernández, directora veterinaria de Clinicanimal Tres Caminos, explica para La Vanguardia que esas pequeñas modificaciones pueden ser la única señal de que algo no va bien. “Un perro no siempre expresa el malestar con una queja o un gesto evidente. También puede hacerlo dejando de realizar determinadas actividades, cambiando sus hábitos de descanso o mostrando menos tolerancia al contacto. Cuando una conducta nueva se mantiene en el tiempo, atribuirla sin más a la edad o al carácter puede hacer que pase desapercibido un problema que convendría valorar”, señala Fernández.
Cristina Fernández
Veterinaria
¿Por qué puede resultar tan difícil detectar que un perro siente dolor si no hay un síntoma evidente?
Porque los perros no siempre expresan el dolor de una manera clara. Pueden seguir comiendo, paseando o relacionándose con normalidad y, al mismo tiempo, estar experimentando alguna molestia. Muchas veces, la primera señal aparece en un cambio pequeño de su rutina habitual. Puede dormir más, mostrarse inquieto por la noche, levantarse con cierta rigidez, dejar de subir escaleras o tener menos ganas de pasear. Son modificaciones que pueden parecer poco importantes, pero cuando se repiten merecen atención.

¿Qué cambios cotidianos deberían hacer sospechar que puede haber dolor o algún problema de salud?
Hay que prestar atención a cualquier cambio persistente respecto a su comportamiento habitual. Una menor tolerancia al contacto, irritabilidad repentina, apatía, aislamiento o vocalizaciones inusuales pueden ser señales de malestar. También hay que observar aspectos muy concretos: si camina de otra manera, si le cuesta levantarse, si rechaza las escaleras, si deja de hacer actividades que antes disfrutaba o si cambia su forma de descansar. El propietario conoce mejor que nadie cómo se comporta normalmente su perro y, por eso, suele ser quien primero detecta que algo ha cambiado.
Cristina Fernández
Veterinaria
¿Es especialmente fácil confundir esas señales con la edad?
Sí, sobre todo en perros adultos y sénior. Existe cierta tendencia a asumir que determinados cambios son propios de la edad y que, por tanto, hay poco que hacer. Pero hacerse mayor no significa que haya que aceptar como normales el dolor, la rigidez o una pérdida repentina de actividad. Si un perro empieza a levantarse con dificultad, deja de subir escaleras o muestra menos interés por el paseo, conviene comentarlo con el equipo veterinario. Puede haber una causa que deba valorarse y, en muchos casos, existen medidas para mejorar su comodidad y su calidad de vida.
¿Qué ocurre con el apetito y la sed? ¿También pueden ser una pista aunque el cambio sea pequeño?
Sí. Los cambios persistentes en el apetito o en la cantidad de agua que bebe no deberían pasar desapercibidos. Lo mismo sucede con una pérdida o aumento de peso sin una explicación clara, con vómitos o diarreas recurrentes o con un cansancio que no era habitual. No significa que cualquier variación puntual indique una enfermedad. La clave está en observar si el cambio se mantiene, se repite o aparece junto a otras modificaciones en su comportamiento. En esos casos, una valoración veterinaria puede ayudar a determinar qué está ocurriendo.

¿Hay alguna señal que tienda a pasar especialmente desapercibida en casa?
La forma de descansar puede dar mucha información. Un perro que cambia constantemente de postura, parece no encontrar una posición cómoda, está más inquieto durante la noche o duerme mucho más de lo habitual puede estar manifestando que algo no va bien. También es frecuente observar cambios en la movilidad que se interpretan como falta de ganas. Un perro que antes disfrutaba de un paseo y ahora se queda atrás, evita determinadas superficies o tarda más en incorporarse está mostrando una diferencia respecto a su comportamiento habitual. Conviene observarla antes de atribuirla simplemente al carácter o a la edad.
¿Qué papel tiene entonces la observación diaria frente a las revisiones veterinarias?
Las dos cosas se complementan. La observación diaria permite detectar cambios muy pronto, mientras que las revisiones veterinarias ayudan a identificar problemas que todavía no producen señales evidentes en casa. Por eso no conviene esperar a que el perro esté claramente enfermo para acudir a la clínica. Hay enfermedades que comienzan de forma silenciosa y pequeños cambios pueden ser la primera pista. En perros adultos y sénior, además, puede ser necesario adaptar la frecuencia de las revisiones y valorar controles específicos según su estado de salud.