Este ex futbolista y profesor acaba de publicar con la editorial El Paseo dos libros paralelos en los que narra amenamente el papel del Sevilla FC y el Real Betis en los orígenes del fútbol en la ciudad
Mercedes Comellas: “A algunos estudiantes les d
Uno podría hacerle a Alberto del Campo Tejedor (Sevilla, 1971) varias entrevistas. Es fácil. Uno se sienta en la terraza del bar Nuria y el personaje empieza a hablar: de sus experiencias con los indios saraguros, de sus años en las Alpujarras haciendo la tesis doctoral, del sentido de la risa, de las diversiones de los estudiantes en el siglo XVI, de su condición de novelista, de sus tiempos de futbolista o de la historia cultural del flamenco... De todos estos temas entiende y ha escrito alguno de sus 27 libros publicados. Este hijo de fraile y monja exclaustrados, criado en Santa Clara y residente en La Rinconada, donde encontró una casa en la que guardar su biblioteca de 10.000 volúmenes, es una fuente inagotable de ideas y vivencias. Pero hay que fijar el tiro y, ya que estamos en pleno Mundial, nos centramos en la reciente publicación de sus dos últimos libros mellizos por la editorial El Paseo: Historia del Sevilla Fútbol Club. Los orígenes del fútbol sevillano e Historia del Real Betis Balompié. Los orígenes del fútbol sevillano, un apasionante y ameno paseo por la aurora del deporte rey en la ciudad. Uno, decíamos, podría hacerle varias entrevistas . De hecho, terminamos la charla, después de rematarla con una cerveza helada, con ganas de más.
Pregunta.–Tres carreras, catedrático de Antropología, exjugador de fútbol, escritor... Es usted un hombre de muchas capacidades.
Respuesta.–De mucha pasión, que es más importante.
P.–Llegó a jugar en EEUU.
R.–En aquella época el fútbol estaba empezando. Hicieron una preselección para el mundial y yo estaba en ella. Pero una lesión me retiró. El fútbol es un sueño que se rompió.
P.–¿Y lo de la Antropología?
R.–Cuando me lesioné ya había terminado Derecho, estaba en cuarto de Filología Alemana y acababa de empezar Antropología Social. Decidí dedicarme a ésta última porque me entusiasmaba.
P.–¿Ha sido más feliz como antropólogo que como futbolista?
R.–Qué va. Como catedrático de Antropología soy feliz porque, en mis clases, procuro remedar un juego como el fútbol. Intento jugar con las ideas y los autores. Ser sorprendente para los alumnos... Pero nada es igual al elemento pasional que tiene el fútbol, cómo mueves el cuerpo y ver cómo el público se mueve contigo... esa explosión de euforia... es incomparable. La tiene la música, creo, pero muy pocas actividades más.
P.–¿El fútbol le ha ayudado algo en su trabajo como antropólogo?
R.–Sí, porque en algunos contextos es muy difícil entrar, sobre todo en el mundo indígena. Jugando al fútbol y formando parte del equipo de una tribu que se enfrenta a su rival te haces una estrella, lo cual abre muchas puertas. Me pasó en Camerún y con los indios saraguros, en Ecuador.
P.–Acaba de publicar dos extensos libros dedicados a los orígenes del fútbol en Sevilla, uno sobre el Sevilla FC y el otro sobre el Betis. Hemos quedado en el Prado porque aquí, precisamente, jugaron los dos.
R.–En el Prado jugaron el Sevilla Football Club, el Sevilla Balompié y el Betis Football Club, que son los tres primeros clubs grandes que hubo en la ciudad. La unión de los dos últimos, en diciembre de 1914, produjo el actual Real Betis Balompié. Entonces el Prado era eso, un prado. Se suele pensar que los primeros partidos aquí eran en albero, pero tengo testimonios del Sevilla FC, que era entonces la entidad más profesional, pidiendo al Ayuntamiento que regara la hierba del Prado. El primigenio Sevilla FC, el del siglo XIX, también jugaba en hierba en el Hipódromo de Tablada.
En los orígenes del fútbol sevillano no hubo ni un solo jugador obrero
P.–Hablando de campos, ¿un estadio de fútbol es un no-lugar?
R.–Todo lo contrario: son lugares de la emoción, de la memoria; donde uno recuerda si rio o lloró con un padre o un abuelo que ya no están. Son lugares cargados de sentido, como el propio hogar. Hasta tal punto que hay estadios con columbarios. Yo he visto a personas tirar las cenizas de sus seres queridos en un córner. Por eso a la gente no le gusta que los estadios cambien de nombre o lugar.
P.–Inevitable, pues, hablar del Estadio de la Cartuja.
R.–Al principio veía a la afición del Betis muy distante, pero los seres humanos, cuando viven momentos de intensidad emocional con los de su tribu, pueden convertir en patria un lugar tan frío y distante como la Cartuja. Los béticos ya lo están haciendo.
P.–¿Cuándo surgió la gran rivalidad entre el Sevilla y el Betis?
R.–En cuanto surgieron los dos clubs. El Sevilla FC es el más antiguo. Hay un primer Sevilla FC que juega entre 1890 y 1892, pero desaparece. Se funda o refunda otro en 1905, pero no juega ningún partido oficial. En 1908 se reorganiza, prácticamente al mismo tiempo que surge el Sevilla Balompié. En ese mismo momento nació la rivalidad para siempre. Si no hubiese existido el antagonismo tan pasional hoy no tendríamos en Sevilla dos clubs grandes.
P.–Hasta hace poco se hablaba de un Sevilla FC de oligarcas y un Betis popular. ¿Topicazo?
R.–Es una tergiversación total. Es todo más complejo que una guerra entre señoritos y descamisados. Los jugadores de los tres equipos de los que hablábamos eran en su totalidad hijos de familias acomodadas. En los orígenes del fútbol sevillano no hubo ni un solo jugador obrero. Ni uno. Lo he rastreado en muchos archivos. El que sí tuvo muchos proletarios fue el Recreativo de Sevilla, que se fundó en 1911 y acabaría desapareciendo. También el club Andalucía. Ahora bien, algunos de estos obreros del Recreativo terminaron entrando en el Sevilla Balompié, como Carmelo Navarro, que se convertiría en capitán y en un icono por su juego rudo y menos refinado que el del Sevilla FC. Ahí es cuando el Betis se hace más afín a las clases populares. Pero insisto, la historia es más compleja que la de los ricos contra los pobres.
P.–¿Por qué el Betis tiene el título de “real” y el Sevilla no?
R.–Eso fue una estrategia del Betis Football Club, que era el tercer equipo de la ciudad y no ganaba nada. Pedro Rodríguez de la Borbolla, que había sido ministro y presidía el Partido Liberal, consiguió que su amigo el conservador marqués de Mochales hiciese las gestiones ante la Casa Real. Era una manera de competir en prestigio con el Sevilla Football Club y el Sevilla Balompié, que eran muy superiores. Al final, contra pronóstico, el Sevilla Balompié se unió al Betis FC, que lo único que aportó fue el “real”, porque los jugadores, la tradición, los títulos y la masa social los puso el primero. Fue una jugada maestra.
La palabra ‘balompié’ la inventó Mariano de Cavia a petición de aficionados sevillanos
P.–¿Por qué le cae mejor a los de fuera el Betis?
R.–Hay una encuesta del CIS en la que se pregunta a la gente de qué equipo sería si el suyo desapareciese. La respuesta mayoritaria es el Betis. Su popularidad es innegable. El Sevilla desprende una cierta arrogancia, pero eso se debe a que históricamente tuvo una estructura de club moderno y eficaz, ha ganado títulos... En cambio al Betis, el del “manquepierda” se le ve como un equipo más humilde y modesto y eso levanta simpatías.
P.–Por lo que cuenta en sus libros, los militares estuvieron muy vinculados a los orígenes del fútbol en Sevilla.
R.–Exclusivamente en el caso del Sevilla Balompié. Concretamente al arma de Infantería. El 80% de los fundadores de este club provenían de familias vinculadas al Ejército. Al principio se llamó España Balompié, porque eran patriotas, tradicionalistas. No querían el nombre en inglés.
P.–¿Y lo de “balompié” de dónde surgió?
R.–Le escriben a Mariano de Cavia pidiéndole un nombre que sea castizo, españolista. Y el periodista se inventa este neologismo. Al principio, el Sevilla Balompié era solo de españoles, no tenía extranjeros como el Sevilla FC, un equipo europeísta con jugadores que han estudiado fuera y algunos ingleses. Los orígenes militares del Sevilla Balompié también están en la base de la popularidad del Betis, porque el ejército era el que ayudaba al pueblo en las riadas y todo tipo de desastres.
P.–¿Cómo evolucionó un deporte de gentlemen para convertirse en interclasista con amplia presencia obrera?
R.–En Sevilla, la clave es la rivalidad. Cuando hay un solo equipo lo importante no es ganar, sino practicar un sport, la distinción, cultivar el honor... Pero cuando se inicia el pique hay que ganar a toda costa y tienes que buscar a los mejores. Entonces empiezan a entrar jugadores obreros. A las clases populares les encantaba ver cómo Carmelo Navarro zurraba y derrotaba a los señoritos.
La rivalidad entre el Sevilla y el Betis producía episodios de violencia ya desde 1910
P.–¿Y las hinchadas radicales? Para muchos nacieron en los ochenta. ¿Es así?
R.–Son mucho más antiguas. Se tiene una visión muy romántica de los viejos tiempos, en los que la gente aplaudía al contrario. Falso. La rivalidad entre el Sevilla y el Betis producía episodios de violencia ya desde l910. La gente apedreaba a los árbitros o a los jugadores rivales, que a veces tienen que salir corriendo mientras una turba enfervorecida les perseguía. Muchos partidos no acaban por invasiones del campo. Era peligrosísimo. También surge desde muy pronto el periodismo bufandista. He descubierto cómo el Sevilla hizo socio honorario al director de El Liberal y había presidentes que escribían en periódicos con pseudónimo.
P.–Escoja a un solo personaje de cada club en estos años iniciales.
R.–Del Sevilla no tengo duda: José María Miró y Trepat, un catalán que había sido presidente de El Español, al principio de la década de los diez. Es el que moderniza el Sevilla FC: le dio un estadio nuevo, el del Mercantil, fue el primero que lo valló para cobrar y que creó un organigrama de fútbol moderno. También fue pionero en el uso de ojeadores para ver a equipos populares, creó una cantera y tuvo un anhelo de ser interclasista. Es un personaje fascinante al que no se le ha prestado mucha atención.
P.–¿Y el Betis?
R.–Ya hemos hablado de él, Carmelo Navarro. Hijo de un metalúrgico, vivía en Santa María la Blanca. Tiene muy a gala ser obrero. Era del Recreativo y el Sevilla Balompié lo fichó en 1913. Fue un icono y acabó escribiendo en los periódicos. Fue el que gesta de alguna manera el discurso del manquepierda: “No tenemos organización ni medios como el Sevilla FC, pero sí pundonor, pasión”... En fin, todo lo que conforma la ideología del Betis.
P.–El Mundial actual está siendo un poco polémico.
R.–Asuntos como el de la tarjeta roja de Trump han sido escandalosos. Pero el fútbol siempre ha sido un poco así. Los principales equipos sevillanos estaban muy conectados a la oligarquía y los árbitros eran de buena familia. Los clubs como el Recreativo o el Andalucía, que eran populares, acabaron desarbolados. Los obreros llegaban cansados de trabajar a los partidos. O no podían jugar porque el partido era en sábado, día laborable.
P.–Dicen que el fútbol es el opio del pueblo.
R.–Esa es una lectura marxista muy sesgada. Y, sobre todo, la usa gente a la que no le gusta el fútbol.
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