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“Los políticos no quieren una sociedad civil fuerte. Frenan muchas iniciativas”

Дата публикации: 10-05-2026 01:00:14

Este abogado experto en Derecho Inmobiliario, agricultor comprometido con la defensa de la aceituna de mesa sevillana y profesor en la UPO es un miembro activo de la sociedad civil sevillana
José López Barneo: “Ha llegado el momento de la excelencia,

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Melena blanca cuidada, gafapasta y correctísimo vestir. Alberto Donaire (Sevilla, 1966) suma muchos perfiles: es un abogado experto en derecho inmobiliario, formado bajo el ala de Santiago Gutiérrez Anaya, pionero del negocio de la administración de fincas en Sevilla. Es también miembro de una familia de agricultores que lleva a gala la defensa de la aceituna de mesa sevillana, un manjar no siempre bien tratado en su propia tierra. Y, para completar el triángulo, es profesor de Historia del Derecho en la Universidad Pablo de Olavide. Pero, sobre todo, Alberto Donaire es un miembro activo de eso que llaman “sociedad civil” y que tanto escasea en la ciudad. No es difícil encontrárselo en los conciliábulos más diversos, bien para celebrar el centenario de la Generación del 27, bien para promover la mejora urbana de algunos pueblos del Aljarafe. Hombre culto y de inquietud inagotable, es autor del libro ‘Preguntas y respuestas sobre propiedad horizontal’, editado por Aranzadi (va por la tercera edición), y suele escribir en la prensa sobre dicha materia. Es miembro del Consejo Provincial de Asaja y del Consejo asesor de Adepa.

Pregunta.–Abogado, agricultor, profesor universitario, involucrado en proyectos de la sociedad civil... Siempre se dice que los sevillanos se implican poco con las cuestiones de la ciudad. Usted es un ejemplo de lo contrario.

Respuesta.–Pocos sevillanos nos implicamos en los temas de la ciudad. Por lo general, el sevillano es de verlas venir y, si le interesa, se monta en el carro. El elemento principal de la sociedad civil sevillana son las cofradías. Pues bien, estas salen a la calle porque, en cada una de ellas, hay cinco personas que lo hacen posible. El resto...

P.–¿Y los políticos?

R.–Los políticos no quieren una sociedad civil fuerte. Aplauden las iniciativas, pero usan el viejo concepto jurídico de “obedézcase, pero no se cumpla”. Los políticos frenan muchas iniciativas.

P.–Forma parte de uno de los grupos que se están organizando para celebrar el centenario de la Generación del 27. También se preparan cosas para la exposición del 29. ¿No abusamos un poco de las efemérides?

R.–De lo que se abusa es de las procesiones extraordinarias. El 27 es mucho más que la llamada Generación del 27, y Sevilla fue un elemento vertebrador. Y si no llega a ser por el 29, Sevilla seguiría anclada en el siglo XIX. Soy más partidario de la y copulativa que de la o disyuntiva. Todo lo que sea sumar iniciativas es bueno: 27 y 29 y defensa del patrimonio y metro...

P.–Hablemos de su condición de experto en Derecho Inmobiliario. Sus inicios en la materia fueron con Santiago Gutiérrez Anaya, fundador de Safinco.

R.–Estuve con él cuatro años. Fue un hombre con una visión de futuro importante. A medida que crecía la ciudad, crecía su empresa. Fue el que introdujo en Sevilla la administración de fincas moderna, con un despacho muy profesional. Aprendí de él que es importante la capacidad de relación. Me decía: “Alberto, el despacho es un 50% calle y un 50% estudio”.

P.–Uno de los grandes problemas que sufrimos los españoles es el de la vivienda.

R.–Es más fácil que resolvamos el misterio de la Santísima Trinidad que las razones por las que España no tiene vivienda suficiente. El elemento principal para la vivienda es el suelo. España tiene 500.000 km2 de suelo. Es una cuestión de liberar más suelo. Pero es un problema que nunca se acabará de resolver. Un misterio.

P.–Últimamente, algunos políticos intentan enfrentar a los inquilinos de alquiler con los propietarios de los pisos.

R.–El sistema de arrendamiento urbano en España, desde que yo empecé a ejercer, ha tenido cinco o seis regulaciones. Es decir, falta seguridad jurídica. La que más hizo por los inquilinos fue la ley de 1964, con Franco, que consolidó la prórroga forzosa. Esto supuso que los centros históricos sufriesen daños enormes, peores que si hubieran sido bombardeadas. ¿Por qué? Porque los propietarios no podían invertir en mantener unos inmuebles por los que tenían unos ingresos cada vez menores. Las casas se fueron degradando hasta la ruina.

P.–¿Es la ocupación un problema o es algo marginal?

R.–Ocupación hay y es un problema que antes no existía. El gran problema es la inseguridad jurídica. Por ejemplo, para desalojar a un inquiocupa hay que pedir un informe a los servicios sociales de los ayuntamientos, que son los que decretan si el inquilino está en situación vulnerable o no. Esto supone meter al político en el proceso, a la administración no judicial. Aparece lo que podríamos llamar el “mal del voto”. Pregúntele usted a las empresas de seguridad lo que están ganando con alarmas antiocupación. Lo que hay que hacer de una vez es un parque de viviendas asequible.

El Postigo del Aceite no se derribó con las murallas porque tenía un inquilino

P.–Me han dicho que tiene una buena historia de inquilinos y el Postigo del Aceite.

R.–El Arco del Postigo era de los duques de Medinaceli, a los que el rey les había concedido todos los portazgos de la ciudad. Es decir, los tributos que se debían pagar en las puertas. El Postigo era de las puertas más importantes de Sevilla y no se cerraba nunca. Cuando la fueron a destruir con la Gloriosa, se salvó porque había un inquilino. Se inició un proceso de desahucio, pero debido a la lentitud de la justicia llegó la Monarquía Alfonsina y se derogó, afortunadamente, la norma que obligaba a tirar la puerta. Hace un año, estaba yo en la Casa de Pilatos, donde presentaba Juan Miguel Vega un libro sobre las puertas de Sevilla...

P.–¿El que editó El Paseo?

R.–Sí. Yo conocía a los actuales propietarios del Postigo, donde durante tres generaciones habían tenido una carnicería. Le dije al duque de Segorbe que estaban allí en el acto y que lo querían vender. Sobre la marcha, Segorbe me dijo que lo quería comprar. Los presenté allí mismo y al mes estábamos firmando la escritura. El arco ha vuelto a la casa de Medinaceli, a manos de Segorbe, que es un buen conservador. Pretende ponerse de acuerdo con el Ayuntamiento para crear un museo compartido entre el Patio de las Herrerías, la Casa de la Moneda y el Postigo del Aceite. Ahora están terminando con la fase arqueológica.

P.–Pertenece usted a cinco generaciones de agricultores del Aljarafe.

R.–Eso sí que es milagroso. Llevamos 140 años con la misma empresa agrícola. Al principio era la actividad principal, pero ahora la conjugamos con otras actividades profesionales. Ahora estoy muy ilusionado, porque un sobrino mío quiere crear una agroescuela.

P.–¿Sevilla sigue siendo una ciudad agraria?

R.–Se sigue notando un peso de la tradición agraria (los toros, la Feria...), pero en Sevilla cada vez pesa menos la agricultura. Afortunadamente, el sector terciario, el comercio, o la industria pesan hoy mucho.

P.–Se dedica a la aceituna de mesa, de gran tradición sevillana.

R.–Hace 120 años que desde Sevilla exportamos la aceituna de mesa a todo el mundo. Ahora, con la Indicación Geográfica Protegida de Aceituna Manzanilla y Gordal de Sevilla hemos conseguido acabar con las viejas disputas sobre cuál era la mejor aceituna, si la del Aljarafe, la de Morón, la del Arahal, la de Utrera... El prestigio está en Sevilla, es la que nos hace vender. Tenemos un consejo regulador, del que formo parte, que controla la producción, la transformación, el envasado...

P.–¿Y qué tiene de especial la aceituna de mesa de Sevilla?

–Yo, si fuese pájaro, sería un estornino, porque me gustan todo tipo de aceitunas. La aceituna sevillana es más señorita, más elitista. Produce menos aceite, pero tiene más carne y más sabor. Es una aceituna llamada a la mesa.

En 1505 ya constan en el Archivo de Indias aceitunas de Sevilla que se mandan a América

P.–Me contaron de gente que, en los locos años 20, se hizo rica en Sevilla exportando aceitunas para los dry martinis de los norteamericanos.

R.–En 1505 ya consta en el Archivo de Indias una barrica de aceitunas de Sevilla que se manda a América.

P.–Pues los sevillanos, que somos tan nacionalistas para tantas cosas, no creo que sintamos orgullo por nuestras aceitunas.

R.–Desgraciadamente. Lo primero a lo que nos deberíamos acostumbrar es a pagar las aceitunas, a no aceptar las que te regalan, que muchas veces no tienen calidad... Pero ya que se regala, que se regale la sevillana.

P.–¿La política de Trump va a hacer daño a esta aceituna?

R.–Las noticias no son buenas, porque el mercado de EEUU es muy importante. Estamos preocupados por la inestabilidad de Trump. Ya hay empresas sevillanas que se han asentado en EEUU para evitar los aranceles. Estamos a la espera.

P.–También se denuncia que se están arrancando muchos olivos para colocar huertos solares, con la destrucción del paisaje que eso conlleva.

R.–Es cierto que está cambiando el paisaje debido a los huertos solares. Es una realidad seria. Los políticos nos dicen que la solar es una energía verde, pero el coste es que nos estamos quedando sin el paisaje de siempre. No sé qué pasará en unos años. Las placas solares las puedes quitar, pero la configuración de un paisaje centenario como el del olivar es más difícil. Podemos estar haciendo algo de lo que nos arrepintamos en un futuro.

P.–Sus fincas familiares están en el Aljarafe, una comarca que ha experimentado un cambio brutal en los últimos 40 años. De una comarca agrícola a otra mixta agrícola-residencial.

R.–Era inevitable que en pueblos que están a ocho o diez kilómetros de Sevilla se produjese este fenómeno. Yo añoro cuando aquello era más campo que cemento. Pero ya le digo, era inevitable.

P.–Otra de sus facetas es la de profesor asociado de Historia del Derecho en la UPO. España es un país que ha hecho grandes aportaciones al Derecho universal. Me estoy acordando de las leyes de Indias.

R.–Hubo un esfuerzo legislativo importante por parte de la corona desde el principio. Otra cosa es que, como decíamos antes, se aplicase el “obdézcase, pero no se cumpla”. ¿Qué otro imperio tuvo ese afán de legalidad? Pero, más allá de las leyes, hay una realidad monumental en forma de universidades, catedrales, fuertes y edificios que se impone claramente... ¿qué imperio europeo hizo eso?

P.–¿Algún hito más en la historia de nuestro derecho?

R.–La constitución de 1978. Si hacemos un estudio comparativo de las constituciones españolas, desde la de 1812 a la de la actualidad, vemos que todas nacían tras una guerra o una revolución. La del 78 hay que valorarla, realzarla, ponerle matrícula de honor. Otra cosa importante es la diversidad jurídica de España. España, jurídicamente, solo ha sido una en los cuarenta años de Franco. Pero me choca especialmente el nacionalismo actual, cada vez quieren más. No tienen final.

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