Los hermanos Carmen y José Balboa transforman sus fincas ecológicas en un punto de encuentro intergeneracional donde los visitantes recolectan su propia fruta en plena naturaleza
01/07/2026 a las 08:16h.
En el corazón de El Bierzo, la tradición agrícola se transforma en una experiencia compartida gracias a la iniciativa de los hermanos Carmen y José Balboa. Ambos gestionan con mimo dos explotaciones en Narayola y Las Chanas, en el municipio de Camponaraya, donde los frutos rojos, y sobre todo los arándanos, son los protagonistas.
Bajo la marca Inari Frutos Rojos, han convertido sus campos en un punto de encuentro intergeneracional donde familias enteras acuden a llenar sus cestas. Así, cada temporada, pueden sumergirse entre arbustos y recolectar directamente con sus manos arándanos, grosellas, frambuesas y moras, eliminando directamente a los intermediarios.
Pero lo que ahora es una realidad comenzó con unos terrenos que eran de su familia y en los que había viñas. Es el caso de la finca de Narayola, que es la que gestiona Carmen, «era de mi abuelo y luego pasó a mi madre, pero mis padres trabajaban en otras cosas los dos y no podían atender las viñas, así que las arrancaron», explica.
Pasaron unos ocho o diez años sin que se produjera nada en ese terreno y entonces «surgió la idea de poner frutos rojos porque en casa siempre hemos tenido, teníamos moras, frambuesas...Y como todos esos frutos nos gustaban, pues decidimos ponernos al día y plantar», sobre todo arándanos en tres variedades -Duque, Brigitta y Elliot-.
Las primeras plantas de estas frutas las pusieron a finales de 2013 y en los dos años siguientes no produjeron «porque es mejor hacerles una poda de crecimiento para que la planta salga adelante», asegura. En ese invierno le siguieron la grosella roja y negra y la mora, que de esta última tienen menos cantidad porque «tiene menos vida útil, es mucho más delicada para recogerla y se requiere mucho cuidado». Y las últimas de arándanos son de los primeros meses de 2015.
Así, comenzaron a comercializar sus frutos rojos en los años 2015 y 2016, «muy poca cosa», reconoce Carmen Balboa, y poco a poco, y a medida que iba creciendo la producción, empezaron a meterse en mercados centrales, como Mercamadrid, Mercabarna o Mercalleida. Pero los bajos precios y la llegada de la pandemia les hizo replantearse el negocio.
De hecho, fue gracias a una cuadrilla que contrataron en ese fatídico 2020 para la recolección, que les dijeron que «estábamos perdiendo dinero», cuando decidieron dar un giro de 180 grados. Se fijaron en una finca que ya funcionaba en Asturias, «que lo llevaban haciendo un tiempo», y fue a través del Whatsapp y del boca a boca como surgió esta iniciativa. «No quería que se perdiera la fruta y me dije, voy a poner en todos los grupos que tengo, que quien quiera venir a recoger que venga, pesamos el cacharro, que recoja las que quiera, mientras recoge, que se coma las que quiera y después volvemos a pesar el cacharro ya lleno y hacemos la diferencia. Y se los doy más baratos porque los recogen ellos», señala.
Fue el año de la pandemia, por lo que «acabábamos de estar encerrados y la gente tenía mogollón de ganas de salir. Entonces, con mogollón de cuidado, mascarillas y si venían grupos, pues poníamos a uno al inicio de la fila y al otro al final de la fila, al final la gente quedó contenta y nos preguntaron si lo íbamos a hacer el año que viene», recuerda.
En la actualidad, Carmen señala que las visitas a la finca se han normalizado, «hay días que viene más gente, otros que menos, pero bueno, sí, la gente va viniendo y cada vez se va corriendo más la voz y lo va conociendo más gente, porque claro, al principio fue en mis grupos de WhatsApp, los de la familia, y luego la gente pues con el boca a boca». Ahora también a través de las redes sociales, donde comparte instantes entre las plantaciones
De junio a agosto
La temporada de los frutos rojos suele comenzar con las variedades más tempranas a primeros de junio y la producción se extendería hasta finales de agosto, aunque en este 2026 la cosecha «se ha adelantado un montón», por lo que Carmen y José Balboa abren las puertas de sus fincas en función de lo que dure cada cosecha.
Toda una experiencia de la que la gente «sale encantada, aunque haga calor, porque es hasta relajante. Entonces, vienen y desconectan aquí un rato en plena naturaleza», concluye Carmen Balboa.
Pero no solo las abren a los ciudadanos de a pie, sino que también venden las frutas a almacenes, tiendas, bares y pastelerías de la comarca del Bierzo.