El triunfo de Vincent Bouillard en la Western States Endurance Run ya forma parte de la historia del ultratrail. Con un espectacular tiempo de 13 horas, 46 minutos y 15 segundos, el corredor francés se convirtió en el primer atleta capaz de completar el recorrido entre Olympic Valley y Auburn en menos de 14 horas, estableciendo un nuevo récord de la prueba.
El triunfo de Vincent Bouillard en la Western States Endurance Run ya forma parte de la historia del ultratrail. Con un espectacular tiempo de 13 horas, 46 minutos y 15 segundos, el corredor francés se convirtió en el primer atleta capaz de completar el recorrido entre Olympic Valley y Auburn en menos de 14 horas, estableciendo un nuevo récord de la prueba.
Tras una actuación que sorprendió incluso a muchos de los especialistas, Mario Fraioli, su entrenador, ha desvelado las claves de una preparación diseñada desde el primer día con un único objetivo: ganar la carrera.
Aunque el resultado pueda parecer extraordinario, desde el entorno del corredor existía la convicción de que Bouillard tenía el potencial para correr entre las 13:45 y las 14:05, siempre que las condiciones acompañaran... y vaya si acompañaron.
La climatología fue mucho más favorable de lo habitual, el recorrido se encontraba en excelentes condiciones y el altísimo nivel de la participación favoreció un ritmo muy elevado desde el inicio. A ello se sumó una estrategia de carrera perfectamente diseñada, un equipo de asistencia que ejecutó cada detalle sin errores y una actuación prácticamente perfecta del atleta.
Uno de los datos que mejor refleja esa eficiencia es el tiempo detenido durante toda la competición. Según el reloj de Bouillard, su tiempo en movimiento fue de 13:40:47, lo que significa que únicamente permaneció parado durante poco más de cinco minutos a lo largo de las 100 millas.
La preparación específica se extendió durante trece semanas y transcurrió prácticamente sin contratiempos. El objetivo nunca fue lograr un puesto entre los diez primeros, sino luchar directamente por la victoria. Esa mentalidad condicionó todas las decisiones del entrenamiento, ya que hubo que ponerle frenos a su ambición. Tal y como explica Fraioli, más que exigirle entrenar más, su principal trabajo consistía en evitar que el propio Bouillard se excediera. El francés disfruta entrenando a gran intensidad, por lo que era fundamental encontrar el equilibrio necesario para recuperarse correctamente y poder mantener la continuidad semana tras semana.
Además, la planificación debía adaptarse a una vida que iba mucho más allá del deporte. Bouillard compaginaba su preparación con un trabajo a tiempo parcial en el equipo de innovación de Hoka y estaba a punto de convertirse en padre. Por ello, entrenador y atleta diseñaron conjuntamente un programa eficiente que le permitiera rendir al máximo sin descuidar su vida profesional y familiar.
Una semana al completoLa estructura de entrenamiento se mantuvo prácticamente inalterable durante toda la preparación. Los lunes estaban dedicados a la recuperación, con entre 75 y 90 minutos de carrera suave complementados con trabajo de fuerza en el gimnasio.
Los martes realizaba rodajes aeróbicos de entre una hora y media y dos horas, finalizando con varias aceleraciones cortas para mantener la velocidad.
El miércoles era la jornada clave de la semana. Por la mañana completaba series en subida y, por la tarde, un segundo entrenamiento centrado en el trabajo de umbral, acumulando entre dos horas y media y tres horas de carrera.
Los jueves repetía la sesión regenerativa del lunes, mientras que los viernes realizaba otro rodaje aeróbico, esta vez de entre dos y tres horas. El sábado estaba reservado para la tirada larga, que llegó a alcanzar las seis horas y media tres semanas antes de la carrera. Estas sesiones incluían cambios de ritmo y situaciones específicas para simular las exigencias que encontraría en la Western States.
Los domingos sustituía la carrera por varias horas de ciclismo a baja intensidad, una actividad que disfrutaba especialmente en los alrededores de Annecy. Sin embargo, durante las dos últimas semanas antes de la competición eliminó completamente ese entrenamiento para favorecer la recuperación.Preparación específica para el calor
Todo preparado al milímetroUno de los aspectos más importantes del plan fue la aclimatación al calor, un factor determinante en la Western States. El trabajo comenzó a mediados de abril mediante sesiones de bicicleta estática de baja intensidad con varias capas de ropa para aumentar la temperatura corporal. Con el paso de las semanas esas sesiones fueron aumentando hasta una hora de duración.
Una vez desplazado a Estados Unidos y sin acceso habitual a bicicleta estática o sauna, Bouillard sustituyó parte de ese trabajo por segundos rodajes diarios vestido con abundante ropa. En los últimos diez días antes de la carrera utilizó también baños de agua caliente para completar la adaptación térmica.
En las doce semanas previas a la carrera, Bouillard acumuló una media de 19 horas y media semanales de entrenamiento, sumando carrera, bicicleta y gimnasio. La semana de mayor carga alcanzó las 24 horas y media.
En cuanto al volumen de carrera, el pico llegó dos semanas antes de la prueba con 142 millas (228 kilómetros), tras haber completado 139 millas la semana anterior. La mayoría de las semanas se situaron entre las 95 y las 115 millas.
A partir de la experiencia de Bouillard, su entrenador se atrevió a dar cinco principios aplicables a corredores de cualquier nivel.
- Adaptar el entrenamiento a la realidad personal y a los objetivos deportivos, teniendo en cuenta también el trabajo, la familia y el resto de responsabilidades.
- Evitar complicar en exceso la planificación y mantener una estructura semanal estable.
- Diferenciar claramente los días de máxima intensidad de las jornadas de recuperación.
- Confiar en la reducción de carga previa a la competición y no tener miedo al descanso.
- Disfrutar del proceso. Aunque Bouillard entrena como un profesional, nunca perdió la motivación por explorar nuevos senderos y descubrir hasta dónde podía llevar su cuerpo y su mente, una actitud que, según su entorno, hizo que regresara ilusionado a casa después de casi cada entrenamiento.