Cuando llega el verano, muchos corredores se encuentran que los ritmos bajan, las pulsaciones suben y salir a entrenar deja de ser tan agradable como en primavera. Es normal. Correr con calor supone un desafío añadido porque el cuerpo no solo tiene que mover los músculos, también tiene que evitar que la temperatura interna aumente demasiado. No hace falta dejar de correr durante los meses más cálidos pero si tener en cuenta algunos ajustes sencillos.
Cuando llega el verano, muchos corredores se encuentran que los ritmos bajan, las pulsaciones suben y salir a entrenar deja de ser tan agradable como en primavera. Es normal. Correr con calor supone un desafío añadido porque el cuerpo no solo tiene que mover los músculos, también tiene que evitar que la temperatura interna aumente demasiado. No hace falta dejar de correr durante los meses más cálidos pero si tener en cuenta algunos ajustes sencillos.
Elegir bien la hora de salir a correrLa primera clave es elegir bien la hora del entrenamiento. Parece evidente, pero sigue siendo el factor que más diferencia marca. En verano, correr a las tres de la tarde o hacerlo a las siete de la mañana pueden parecer dos entrenamientos completamente distintos. Las primeras horas de la mañana suelen ofrecer las temperaturas más bajas del día, mientras que a última hora de la tarde todavía puede acumularse mucho calor en el asfalto y en el ambiente. Siempre que sea posible, conviene evitar las horas centrales del día.
Aceptar la bajada del ritmoLa segunda clave es aceptar que el ritmo va a cambiar. Uno de los errores más frecuentes es intentar mantener los mismos tiempos que en invierno. Cuando hace calor, el corazón trabaja más para refrigerar el organismo y la sensación de esfuerzo aumenta. Por eso, en lugar de obsesionarse con el ritmo por kilómetro, suele ser más útil correr por sensaciones. Si necesitas bajar un poco la velocidad para mantenerte cómodo, no significa que estés perdiendo forma física. Significa que estás adaptando el entrenamiento a las condiciones ambientales.
La hidratación, claveLa tercera clave es prestar atención a la hidratación. No hace falta vivir pegado a una botella de agua, pero sí entender que en verano las pérdidas por sudor aumentan considerablemente. Llegar bien hidratado al entrenamiento y recuperar líquidos después suele ser suficiente para la mayoría de salidas cortas. En sesiones largas o especialmente calurosas, puede tener sentido llevar agua o planificar algún punto donde beber durante el recorrido.
La hidratación es un factor clave para salir a correr en verano.AGENCIASAdaptar la ropa y el recorridoLa cuarta clave es adaptar la ropa y el recorrido. La ropa técnica transpirable ayuda a disipar mejor el calor que prendas más gruesas o de algodón. También puede ser útil buscar recorridos con sombra, zonas verdes o circuitos donde exista alguna fuente. A veces pequeños cambios en el entorno hacen que el entrenamiento sea mucho más llevadero.
Proceso de adaptaciónLa quinta clave es tener paciencia con la adaptación. El cuerpo necesita tiempo para acostumbrarse al calor. Durante los primeros días las sensaciones suelen ser peores, pero poco a poco aparecen adaptaciones fisiológicas que mejoran la tolerancia a las altas temperaturas. Se incrementa la capacidad de sudoración, mejora la gestión de líquidos y el sistema cardiovascular trabaja de forma más eficiente. Lo que hoy parece un esfuerzo enorme puede sentirse mucho más cómodo dentro de dos o tres semanas.
También es importante recordar que no todos los días tienen que ser entrenamientos duros. El verano puede ser una buena época para priorizar la continuidad, disfrutar de correr y mantener la forma sin perseguir constantemente marcas personales. Muchos corredores descubren que entrenar un poco más suave durante las semanas más cálidas les permite llegar al otoño con mejores sensaciones y menos fatiga acumulada.